HACKEAR A PETER THIEL, EL DUEÑO DE PALANTIR. (Cuarta entrega).

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La pregunta es evidente: ¿hay alguien pensando en armar una ciudad privada en Argentina? Delgado Ayau responde desde Guatemala: “Su país tiene algo que siempre destacamos: talento, capital humano, ventajas geográficas, infraestructura y una enorme capacidad emprendedora. El desafío es crear un marco institucional que permita que esas capacidades se transformen en inversión y crecimiento. Argentina podría explorar mecanismos que permitan crear nuevos espacios para invertir, emprender y experimentar”.

El “marco institucional” es el talón de Aquiles del modelo Próspera. Para levantar esa ciudad privada primero el Congreso hondureño votó, en 2013, la creación de las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE), con el impulso decisivo de quien entonces presidía esa asamblea, Juan Orlando Hernández. Los libertarios utópicos comprendieron enseguida que la democracia tiene sus problemas. Hernández siguió con su carrera hasta llegar a la presidencia, pero en 2022 la justicia estadounidense pidió su extradición por narcotráfico, proceso que terminó con una condena de 45 años de prisión.

Aunque en un episodio más que extraño Trump lo indultó a fines de 2025, el tembladeral político ya había ocurrido. La sucesora de Hernández, Xiomara Castro, líder del Frente Nacional de Resistencia Popular e ideológicamente en las antípodas, decidió derogar las ZEDE, idea que luego validó la Corte Suprema hondureña. En agosto de 2026, Próspera y el Estado hondureño mantienen una pelea jurídica multimillonaria.

De esta disputa, todos (desde Delgado Ayua hasta Thiel) parecen haber entendido que, a la hora de intentar proyectos libertarios, se deben garantizar un marco jurídico sólido sobre el cual apalancarse y redes políticas lo suficientemente amplias para que los vaivenes electorales no se traduzcan en el fin de sus ambiciones.

De hecho, en su última reunión en abril, Thiel le preguntó a Milei: “¿Cómo se sostiene esto en el tiempo?”. Quizás, su encuentro con Juan Grabois, un dirigente en las antípodas ideológicas de Milei y con aspiraciones presidenciales, o su inversión en Vista Energy, la empresa de Miguel Galluccio, el único de los grandes empresarios del sector energético que tiene buen vínculo con toda la dirigencia, se puedan interpretar como una apuesta más allá del mileísmo.

Díaz Ayau no esquiva la consulta y lo pone en términos aún más claros. “La pregunta que se hacen los que invierten miles de millones de dólares es: ¿durará esto el tiempo que dure el mandato de ese presidente? Tiene que haber un contrato que establezca condiciones, por lo que se pueda demandar contra dicho contrato. ¿Quién va a demandar al gobierno de Bukele o al gobierno de Milei? Nadie”, dijo en una entrevista en abril para la fundación Free Cities, que empuja este tipo de proyectos por todo el mundo.

Está claro que todo este experimento libertario en una pequeña isla del Caribe parece muy lejano a Argentina. Pero quizás sólo sea una impresión. Al fin y al cabo, como dijo el canciller Pablo Quirno a principios de agosto, la idea detrás de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada es permitirle a algún extranjero voluntarioso “comprar una provincia o un pueblo”.

Leyes y acuerdos a medida

El desembarco de Thiel en Argentina coincidió con el envío del Gobierno al Congreso de proyectos con grandes reformas y mucha resistencia social, que parecen ir todos en la misma dirección. ¿Estaba el tecnomagnate moviendo los hilos? ¿Vino a empujar un sistema de reglas acorde a las necesidades de Sillicon Valley?

La lista de leyes o proyectos que podrían beneficiar a los Thiel del mundo es larga. Por un lado está el Súper RIGI, presentado por el ministro de Economía, Luis Caputo, como un plan orientado a la instalación de data centers. Se trata de un régimen de incentivos que obtuvo media sanción en Diputados y que beneficia a las inversiones de más de 1.000 millones de dólares con una alícuota en Ganancias de sólo el 15%, cero retenciones, libre disponibilidad de divisas y la derivación de eventuales litigios al arbitraje internacional. La Ley de Glaciares, que ya fue promulgada, habilitó la minería en zonas periglaciares. La actividad es clave para la industria tecnológica, con cada vez mayor necesidad de cantidades de litio, componente fundamental para almacenar energía que tiene en Argentina una de las mayores reservas del mundo.

De todos los proyectos, el que más polvareda levantó fue el que pretende la modificación de la Ley de Sociedades. Primero, porque la cronología fue llamativa: el gobierno anunció su envió al Congreso a fines de mayo, inmediatamente después de la reunión que mantuvieron Thiel y Federico Sturzenegger, ministro de Transformación y Desregulación del Estado y admirador del modelo que proponen desde Silicon Valley. La iniciativa buscaba crear el marco legal para que existieran empresas operadas por algoritmos o IA sin trabajadores ni gerencia humana.

Milei se subió a la defensa de ese proyecto y, en una nota publicada por el Financial Times en junio, dijo: “Argentina invita a la IA a liberarse sin la mano mortal de la regulación”. Fue un boom global, que llevó a que el historiador Yuval Harari, una eminencia internacional que hace años viene mirando con desconfianza la potencia de la IA, lo cruzara en ese mismo medio.

La mayoría de los que siguieron con lupa el desembarco de Thiel en Argentina miraron a la Ley de Sociedades como el punto central de toda esta historia: no hay otro gobierno en el mundo que esté empujando este tipo de desregulaciones para la IA. No, al menos, que lo diga. Acá es donde la historia se pone más compleja: el proyecto de ley de Sturzenegger no coincide con el propio Sturzenegger. Es que mientras el artículo 14 de ese proyecto buscaba impulsar las “sociedades automatizadas”, el 88 de esa misma ley asegura que la administración de la sociedad está a cargo de una o más personas humanas o jurídicas y el 92 dice que la jurídica debe poner una humana.

Este embrollo técnico podría revelar dos cosas. Una es la que el ministro desregulador dice por lo bajo: que cuando envió este proyecto a su revisión al ministerio de Economía —a cargo de su rival interno, Luis Caputo— se lo toquetearon lo suficiente como para embarrar la cancha y desviar la idea original. La otra es que abre el interrogante de si una ley tan mal redactada, que se contradice a sí misma, pudo haber estado armada por alguien del calibre de Thiel.

De cualquier manera, la idea quedó en stand by, y el oficialismo tuvo que ceder para incluir a una persona física o jurídica en la ley.

En el Congreso hubo movimientos que parecen encaminados a crear las condiciones necesarias para que el sector se instale en la Argentina. Y, en paralelo, el Ejecutivo hizo tres anuncios que se conectan con la materia prima que utiliza Palantir: las bases de datos.

Así como en la guerra la empresa de Thiel puede servir para identificar objetivos, para la organización de la sociedad civil es una herramienta de vigilancia. En Estados Unidos, el ICE utiliza uno de sus sistemas, ELITE, para identificar personas deportables. El software utiliza las bases de datos para rastrear, mapear y localizar a inmigrantes con el fin de planificar operativos y redadas.

Los expertos argentinos que trabajan en tecnología se alertaron primero en julio de 2024, cuando el ministerio de Seguridad anunció en el Boletín Oficial la creación de la Unidad de Inteligencia Artificial Aplicada a Seguridad (UIAAS). El organismo se presentó con capacidades como el monitoreo de fuentes abiertas en tiempo real o la utilización de herramientas de reconocimiento facial. Ni la resolución ni las autoridades comunicaron qué empresa iba a llevar adelante la tarea ni con qué software.

Distintas organizaciones de la sociedad civil y periodistas presentaron pedidos de acceso a la información pública, pero la mayoría no fueron contestadas. La Fundación Vía Libre obtuvo una respuesta: “Nos dijeron que se estaban evaluando las tecnologías, pero que no había nada concreto en compras”, contó Beatriz Busaniche, su directora ejecutiva.

La segunda alerta fue cuando se publicó el decreto de Inteligencia 941/2025, que creó la Comunidad Informativa Nacional, con la capacidad de reunir información de distintos organismos públicos y ponerlos a disposición de la SIDE. “Todavía no conocemos si existen contratos con Palantir, pero si se consideran los antecedentes de la empresa y con quiénes trabaja, acá tiene una oportunidad más que interesante”, dijo Sabina Frederic, antropóloga y exministra de Seguridad de la Nación.

Por último, en mayo de 2026, con Thiel ya instalado en la Argentina, el ministerio de Capital Humano de Sandra Pettovello publicó en sus redes un video futurista para lanzar el Gemelo Digital Social con la promesa de utilizar inteligencia artificial para integrar datos y “anticipar” políticas públicas. El diputado Juan Marino presentó una solicitud de acceso a la información. La respuesta lo sorprendió: el Gobierno contestó que, por ahora, no hay nada concreto, que apenas fue un anuncio.

La preocupación sobre los datos avanza en una doble vía: por un lado, quién y con qué criterios los administra y, por el otro, quién los controla. El embajador de Estados Unidos Peter Lamelas dejó en claro el interés sobre el tema cuando presionó a la cooperativa eléctrica CALF, de Neuquén, para evitar que contraten con la empresa china Huawei.

De hecho, en febrero, Argentina firmó el Acuerdo de Comercio e Inversión Recíprocos (ARTI) y, en junio, se adhirió a la Pax Silica, impulsada por Jacob Helberg, subsecretario de Estado de Trump y, no casualmente, ex asesor de Palantir.

Se trata de dos instrumentos distintos, pero complementarios: el acuerdo comercial establece que se reconoce a Estados Unidos como una jurisdicción adecuada para la transferencia internacional de datos personales, lo que facilita que empresas de aquel país puedan almacenar, procesar y transferir datos desde Argentina; mientras que Pax Silica plantea una lógica de cadenas de suministro tecnológicas “confiables”, en la que el trumpismo busca articular con naciones aliadas para desarrollar infraestructura y tecnologías estratégicas, especialmente vinculadas con inteligencia artificial, semiconductores y energía, y reducir la dependencia de proveedores considerados riesgosos.

Becas, redes y unicornios

En la home de Thiel Fellowship, la fundación que otorga becas de 250 mil dólares —exactamente el mismo número con el que nació Paypal— a jóvenes de todo el mundo, puede leerse una regla de oro que en Sillicon Valley todos conocen. Los que se candidatean tienen que hacer un sacrificio. Y los ganadores son un grupo muy selecto de promesas que al día de hoy no superan los 300.

En la web se lee: “¿Necesito abandonar mis estudios para aceptar la beca? Sí”. Esta sentencia se basa en la idea muy repetida por Thiel de que “las universidades hoy son tan corruptas como la Iglesia católica del medioevo”. Alguien que conoce bien a ese hombre y a la Thiel Fellowship es el argentino Wenceslao Casares, un nombre tal vez no tan famoso en su propio país pero que en el mundo tecno es una eminencia global.

Casares es un emprendedor tecnológico chubutense que en 1994 armó “Internet Argentina S.A”, el primer proveedor de servicios de internet que tuvo el país. Hizo una carrera en ascenso en el mundo digital y en 2011 se instaló en Silicon Valley donde creó empresas exitosas como la billetera virtual Lemon Wallet, entre otras. Casares fue miembro del directorio de Paypal desde 2016 a 2020 y, al día de hoy, es considerado la tercera persona con más Bitcoins en todo el planeta. Tiene una relación con Thiel, revelada en junio de este año por la hacktivista suiza Maia Arson Crimew, cuando publicó en Wired que Casares era una de las 222 personas ultra influyentes del jet set global que son parte de Dialog, una sociedad secreta fundada por Thiel en 2006 en la que también está Marcos Galperín de Mercado Libre.

Dialog organiza periódicamente retiros para sus miembros, en los que arma paneles sobre temas diversos, desde la creación de sectas y la vida sexual de la élite, a la preparación para la Tercera Guerra Mundial.

Por eso es que a Casares se le prendieron todas las alarmas cuando su hijo, Diógenes, empezó a coquetear con la idea de obtener una beca Thiel. El 22 de marzo de 2024 la fundación anunció los 20 seleccionados para la beca de ese año y Diógenes Casares estaba en la lista: usó los 250 mil dólares para invertir en su startup Stream Finance y, tal como lo pedía el sacrificio para ser miembro, dejó sus estudios. Aquel era el gran temor de su padre. Y no se lo tomó para nada bien.

En Silicon Valley se repite esta anécdota: Casares padre fue con un bate hasta la puerta de la casa de Thiel y le rompió su auto, un Tesla, a puro golpe. En el entorno de Casares minimizaron el conflicto durante la investigación: dijeron que Wenceslao y Peter tuvieron una discusión “a las puteadas”, pero que el resto es mito.

Lo cierto es que hay varios argentinos a los que Thiel cobijó bajo su ala. Además de Casares junior, también recibió la beca Ignacio Belieres Montero, fundador de Epic Aerospace, una startup de remolcadores espaciales que trabaja para situar en su órbita exacta a pequeños satélites.

Además, Belieres Montero es uno de los jóvenes empresarios favoritos del mileismo. A fines de 2024, la secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología, que depende de jefatura de Gabinete de la Nación, “se comprometió a ayudar a este emprendimiento argentino” y, en febrero de 2025, “celebró un convenio de cooperación junto a Epic Aerospace, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y la empresa de servicios tecnológicos Veng, para impulsar la colaboración público-privada en materia de investigación y desarrollo de tecnología y ciencia espacial”, según consta en el sitio oficial.

En mayo, LetraP publicó que el gobierno modificó los criterios de contratación para lanzar una licitación internacional impulsada por la CONAE para la puesta en órbita de un nuevo satélite argentino. Según el artículo, en el sector se habla de un pliego que podría favorecer a la startup que creció gracias al dinero de Thiel.

Además de la beca, Thiel colabora con proyectos en todo el mundo a través de Founders Fund, su empresa de capital de riesgo. Uno de los seleccionados aceptó conversar en off por teléfono. Nos confesó que cree que lo eligieron por haber sido un adolescente disruptivo y porque su proyecto tiene potencial para escalar a nivel regional y copar todo el mercado. “¿Viste lo que dice en su libro sobre los monopolios? Esos son los negocios que le interesan a Thiel”, aseguró. Acá hay otra curiosidad: uno de los socios del fondo es, desde 2018, Matías Van Thienen, argentino, que oficia como el intermediario entre la empresa y los seleccionados de la región. Y también como algo más: Van Thienen fue parte de la reunión en la Rosada entre Milei y Thiel.

En 2017, cuando Palantir intentó quedarse con los archivos de la AMIA, su gente tuvo un intento de acercamiento a la Argentina por otro carril. En julio de ese año se conoció que Facundo Garretón, entonces diputado tucumano de Juntos por el Cambio, tenía intenciones de vender InvertirOnline, la plataforma de inversiones financieras que prometía ser el próximo unicornio nacional. Según contó La Nación, había tres interesados: “Banco Itaú, la argentina Puente, y un fondo californiano de capital de riesgo relacionado con Ken Howery”.

Howery fundó, junto a Thiel, Paypal y Founders Fund. También es uno de los máximos exponentes del fenómeno que en Estados Unidos se denomina revolving door (puerta giratoria), y describe la designación en cargos públicos estratégicos de altos mandos de las tecnológicas de Silicon Valley quienes, una vez que cumplen su mandato, regresan al sector privado. Howery fue el embajador estadounidense en Suecia entre 2019 y 2021, durante la primera presidencia de Donald Trump, y en octubre de 2025 regresó a la función diplomática como embajador en Dinamarca. Todo tiene que ver con todo: en Groenlandia, que depende de este país —y que fue amenazada con ocupación militar por parte de Trump—, es donde Thiel soñó con hacer “Praxis”, un nuevo Próspera.

InvertirOnline quedó, finalmente, en manos de Grupo Supervielle. Sin embargo, el dato sirvió para conocer otro de los circuitos que funciona para que los gigantes tecnológicos expandan su influencia internacional: el Young Global Leaders (YGL), una plataforma impulsada por el Foro Económico Mundial, gracias a la cual Garretón logró un vínculo profundo con Howery.

“No soy amigo de Thiel. Lo conocí una vez hace bastante tiempo en San Francisco a través de Ken, con quien sí tengo buena onda. Incluso, viajamos juntos alguna vez”, contó para esta investigación Garretón, quien abandonó la política y hoy está al frente de Terraflos, una compañía biotecnológica que combina inteligencia artificial con agricultura celular para desarrollar compuestos destinados a la salud, el bienestar y la longevidad preventiva.

Los miembros del YGL pueden provenir del sector público o privado y no existe un proceso de inscripción, sino que cada nombre debe ser propuesto por alguien que haya pasado por el programa y luego ser evaluado por las autoridades de la plataforma.

Formar parte significa, sobre todo, acceder a una red de contactos de élite. El YGL seleccionó a otros argentinos a lo largo de los años. En la lista aparecen cuatro dirigentes que ocuparon cargos durante el macrismo: Esteban Bullrich (senador), Eugenio Burzaco (ministro de Seguridad de la Ciudad) y Sebastián Kind (subsecretario de Energías Renovables de la Nación). Entre los políticos también figuran el actual senador Martín Lousteau, que formó parte de la coalición Juntos por el Cambio. “Me eligieron en 2008, pero nunca usé la red para nada”, respondió cuando fue consultado.

Usar la red sirve para tejer contactos. Sólo basta con buscar los nombres de los empresarios regionales que forman parte para advertir que se trata de un circuito pequeño en el que todos se conocen. Por ejemplo, en su cuenta de LinkedIn, Garretón contó que, en el marco del Young Global Leaders, compartió un viaje a la Patagonia con Felipe Kast, senador chileno y sobrino del presidente José Antonio Kast. Kast —y también el empresario argentino Alejandro Malgor— forman parte del directorio de Libertad Capital, un fondo de private equity con raíces en Mendoza que apunta a recaudar 50 millones de dólares para invertir en sectores estratégicos como la energía y al que se sumó, en febrero, Martín Varsavsky, un argentino que forma parte de la elite de Silicon Valley y que acaba de ser noticia internacional por su búnker mendocino Wamani.

¿A qué le teme Peter Thiel?

Hay otra particularidad de Milei que a Thiel le debe interesar. De todos los presidentes del planeta, sólo uno puede considerarse ganador de una batalla que nadie antes ganó en la historia de la humanidad: la batalla contra la muerte.

El presidente libertario está convencido de que su perro Conan, al que adoptó en 2002, reencarnó en el clon que mandó a hacer en 2018. Esa combinación de ciencia más vida eterna es lo que se conoce como “transhumanismo”: un movimiento muy popular en el 1% de la elite global, que sostiene que la tecnología podrá lograr alargar la vida hasta límites insospechados. Thiel ha dicho en declaraciones públicas: “La muerte es un mal y no deberíamos aceptarla. No hay que tratar a la muerte como algo natural: hay que luchar contra ella”.

Es que el dueño de Palantir no es sólo un tecnomagnate que intenta diseñar el futuro del capitalismo. También tiene todo un costado entre sobrenatural y futurista. Es uno de los grandes aportantes de la Fundación Matusalén —el nombre es por el personaje bíblico que vivió casi mil años— dedicada a extender la vida humana. “Hacer que los noventa sean los nuevos cincuentas para 2030”, es su lema.

Thiel es un ferviente seguidor de esas ideas: en varios reportajes contó que estaba “investigando” la parabiosis (el intercambio de sangre joven a organismos mayores), algo que muchos en Silicon Valley creen que ya está haciendo.

También se registró en la fundación Alcor Life Extension para que lo congelen cuando muera, con la esperanza de que la tecnología del futuro lo reviva.

Y al mismo tiempo invirtió en Minicircle, una empresa que ofrece inyecciones de ADN para ralentizar el crecimiento, que no casualmente está en Próspera. Este es tal vez el capítulo más polémico de esa ciudad privada: con su sistema de reglas propio, este experimento en Honduras tiene menos regulaciones que la FDA estadounidense, lo que la convierte en uno de los lugares más buscados del planeta para la experimentación médica.

El temor de Thiel a la decrepitud del cuerpo se combina con otro de sus grandes miedos: “Hay sólo 50% de chances de que la humanidad llegue a ver el fin de este siglo”, es una de sus frases cabecera.

Está convencido de que, más temprano que tarde, va a estallar una guerra mundial, un apocalipsis del que suele culpabilizar al Anticristo, al que describe como una especie de dictador woke.

A esa figura la ha emparentado, a modo de ejemplo, con la activista Greta Thunberg y, más recientemente, al papa León XIV. Esto ocurrió luego de que el sucesor de Francisco presentara en mayo su primera encíclica, “Magnifica Humanitas”, en la que abiertamente planteaba “desarmar la IA, sustraerla de la lógica de la competencia militar e impedirle el dominio sobre lo humano”.

Por si el destinatario de esa declaración no había quedado del todo claro, el Sumo Pontífice le agregó una cita de El Señor de los Anillos a su obra: Palantir debe su nombre a las “piedras videntes” del clásico de Tolkien. De hecho, la obsesión de Thiel con esa obra es tal que a poco de llegar a Barrio Parque mandó a empapelar los cuartos de sus dos hijos con imágenes de la película.

La posibilidad del fin de los tiempos es un temor creciente en Thiel. El New York Times contó que ese fue el único tema del que habló cuando invitó a un grupo selecto de economistas argentinos a su casa. Y un íntimo amigo de Grabois entrevistado para nuestra investigación dice que, además de lo que contó el dirigente en varios reportajes —ha dicho que la cita giró alrededor de la encíclica papal—, también la figura del Anticristo llegó a la mesa. “Juan se quedó muy preocupado”, asegura esta persona.

Tal es la atención que le da Thiel al eventual fin de los tiempos que cada vez que se mueve por el mundo se sospecha que está buscando un posible refugio en caso de un estallido nuclear.

Cuando pasó por Nueva Zelanda en 2011 compró terrenos y el gobierno le dio una discutida ciudadanía. En Uruguay hay reportes de que compró uno en las afueras de Punta del Este, mientras que en Argentina volvió a circular la misma historia. En este suelo hay un adicional: Martín Varsasky, que ya apareció en esta historia, es socio de Alec Oxenford, uno de los nexos entre Thiel y Milei, en el refugio Wamani.

En diciembre de 2023 Varsavsky y Oxenford compraron 32 mil hectáreas en San Carlos, un pequeño departamento en Mendoza, a casi 200 kilómetros de la ciudad más cercana. Desde entonces, el empresario, muy cercano a Milei —el único que publicó fotos de la “Sala Conan”, el lugar de la Quinta de Olivos donde el libertario guarda algunos estrambóticos cuadros en los que aparece personificado como la reencarnación de Moisés—, habló de ese gigantesco campo como un refugio ante una guerra mundial. Una reciente nota del Financial Times sobre ese experimento causó tanto revuelo que el empresario salió a modificar su versión original para decir que cuando hablaba de refugio lo hacía casi en términos metafóricos.

Con la condición de que su nombre no figurara en esta investigación, un joven empresario que conoce a algunos de los socios de Varsavsky en Wanami contó: “La idea empezó como una cosa de amigos, entre ellos, pero lo hicieron. Todos los que están en cierto nivel están armando sus búnkers así que si explota una guerra tienen dónde refugiarse”.

¿Thiel estará pensando en algo parecido? No sólo le teme a la muerte o a la catástrofe. Tal cual revela el manifiesto de Palantir o las últimas dos décadas de debate público del magnate, el avance del Islam lo preocupa.

“Buenos Aires es la última ciudad europea, lo más cercano que tenemos a la Europa que fue”, dijo Weinstein en Buenos Aires. En una charla con el conductor Tomás Rebord, Grabois dio a entender que había hablado de lo mismo con Thiel: “La gente ultra rica del mundo dice que Argentina es el último país europeo del mundo. Y lo dicen porque no hay paquistaníes, negros ni musulmanes”.

Argentina, claro, podría llegar a ser otro tipo de refugio para el magnate. “A todos los billonarios del mundo que quieren huir de países cada vez más regulados, con mayores impuestos y Estados que persiguen a sus ciudadanos, les queremos decir que son bienvenidos a Argentina”, dijo Manuel Adorni, cuando todavía era jefe de Gabinete, en una especie de bienvenida a Thiel.

Era un centro a la cabeza del magnate: el hombre viene más que preocupado con las presiones populares en Estados Unidos para gravar más impuestos a los megamillonarios, y con unas elecciones legislativas a la vuelta de la esquina que serán difíciles para Trump.

“No puedo decidir aún si dejar el estado o el país”, había dicho en 2024, cuando estas ideas impositivas empezaban a tomar vuelo. Este año pinta peor: el 3 de noviembre se celebrará en California —el lugar donde el tecnomagnate vive cuando no está en Dardo Rocha o en otra parte del planeta— el “Billionare Tax Act”, un referéndum popular para gravar o no un impuesto único del 5% sobre el patrimonio de personas con más de 1.000 millones de dólares. En enero, Thiel donó tres millones de dólares a California Business Roundtable, un comité que busca frenar esa medida.

En Vaca Muerta

De todas las personas que tuvieron algún contacto directo con Thiel sólo una reveló en público los aparentes motivos del tecnomagnate para viajar al fin del mundo. Fue, sorpresivamente, el chileno Johannes Kaiser. “Me dijo que está buscando invertir en minería, no en minería de datos sino en minería, tanto en Argentina como en Chile, países de los que está muy interesado en su futuro”, contó el libertario, hermano de Axel, un intelectual muy cercano a Milei.

Thiel estuvo en el país vecino en los primeros días de mayo, poco después de desembarcar en Argentina. Esa visita había sido de incógnito hasta que José Piñera, hermano del ex presidente Sebastián y uno de los ministros más importantes de la dictadura de Augusto Pinochet, subió una improvisada selfie a sus redes. Eso causó un tembladeral político, ruido que terminó con el Gobierno confirmando que el dueño de Palantir había llegado a reunirse con José Antonio Kast en la Casa de la Moneda.

Antes de volver a Barrio Norte, Thiel pasó por Paraguay, donde se reunió con el presidente Santiago Peña.

Lo que adelantó Kaiser —quien también reveló que Thiel “estaba muy crítico del sistema democrático”— ya empezó a cumplirse. El 14 de de agosto, el fondo Thiel Macro LLC presentó un Formulario 13F ante la Securities and Exchange Commission (SEC) para informar su desembarco como inversor en Vista Energy, la petrolera fundada por Miguel Galuccio, el primer presidente y CEO de YPF luego de ser reestatizada durante el gobierno de Cristina Fernández.

Con esta operación, Thiel adquirió cerca del 1% de Vista Energy, en lo que fue su primera inversión formal en Argentina, más allá de la casa en Barrio Norte. Al cierre del segundo trimestre, esa participación tenía un valor de unos US$76 millones. La noticia se conoció a través de los medios especializados y no fue informada por las partes. Apenas trascendió, se produjo un salto de más del 5% en la cotización de la compañía de Galuccio en Nueva York.


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