Thiel Macro LLC está lejos de ser un inversionista determinante en el rumbo de Vista Energy. Sin embargo, cuando se observan las ocho compañías declaradas de la cartera, la operación adquiere otra relevancia: Vista Energy —que a diferencia de otras empresas como YPF, Pampa Energy o Pan American, es la única dedicada 100% a Vaca Muerta— se convirtió en la segunda mayor posición del fondo, sólo detrás de Amazon, y es la única no estadounidense del listado.
Thiel mantuvo en Buenos Aires un encuentro de más de una hora con Galuccio, según trascendió a la prensa y se pudo verificar para esta investigación. Si la inversión se concretó antes o después es un misterio. Los temas de conversación, también. En el entorno del empresario el hermetismo es absoluto.
Invertir en una empresa dedicada al shale oil en Vaca Muerta puede resultar atractiva para alguien como Thiel porque permite vincular dos negocios estratégicos: la producción de hidrocarburos y la infraestructura digital.
Una petrolera que aumenta su producción de petróleo también genera mayores volúmenes de gas asociado, que puede convertirse en una fuente de energía para abastecer a proyectos de generación eléctrica, entre otros el minado de criptomonedas, una de las crecientes obsesiones de Thiel. “Si la inteligencia artificial es comunista, la cripto es libertaria”, suele repetir el tecnomagnate.
Verónica Robert, especialista en economía de la innovación e investigadora del Conicet, explica que en este sector “las condiciones climáticas, el recurso hídrico y la conectividad son fundamentales, pero lo que más se busca es energía barata”. La disponibilidad energética es clave para la instalación de data centers o infraestructura para la exportación de capacidad de cómputo.
Para Robert una pista de qué puede estar buscando Thiel en la Patagonia se puede rastrear en la última entrevista que dio Emiliano Kargieman, cofundador y CEO de Satellogic: el empresario sostuvo que Argentina debería aprovechar sus recursos energéticos para producir y exportar activos intangibles. “Uno podría pensar en una vertical de exportación argentina real de decenas o cientos de miles de millones de dólares de cómputo”, dijo a La Nación.
Kargieman defendió el RIGI y el Súper Rigi para “convencer” a los grandes inversores. Thiel ya parece haber dado el primer paso.
Límites
Aseguró, además, que Thiel está “fascinado” con el libertario y no le sorprende que no le haga ruido que Milei haya comparado en Davos la homosexualidad con la pedofilia. “Es un hombre que vive de una manera que parece contradictoria, casi imposible y es capaz de apoyar a gente que está en contra de las ideas en las que él verdaderamente cree”, sostuvo nuestro informante.
Thiel busca “intellectual stimulation”, según la misma fuente. Al parecer, le gusta la conversación, imaginar y llevar las ideas a extremos que la gran mayoría podría considerar inconcebibles. Milei llegó a decir que no veía mal que un hombre se cortara el brazo para darle de comer a su familia.
En términos políticos, aseguró que al magnate le interesa el “tinkering with”, es decir, experimentar con el funcionamiento de los gobiernos y probar formas alternativas de organización política; y el “seasteading”, la idea que ya vimos sobre la creación de comunidades autónomas en el mar, fuera de las estructuras tradicionales de los Estados.
Esta persona cree que Thiel no tiene más intenciones que esa y es escéptico con la idea de que el tecnomagnate esté pensando en crear una “mini Argentina”. Sus antecedentes, sin embargo, generan dudas.
Thiel se mueve como un todopoderoso. Estaba listo para participar como principal orador de la conferencia Vientos de Cambio en Buenos Aires y hacer una aparición pública mucho más visible y arriesgada. Pero tuvo que retroceder. Mientras algunos líderes políticos lo celebran, en las calles ya es un enemigo declarado.
Los libertarios lo recibieron con los brazos abiertos, pero también los conservadores que forman parte de La Libertad Avanza. Por lo bajo, con un audio configurado para autodestruirse después de ser escuchado, un dirigente de derecha muy vinculado a la Iglesia Católica manifestó su desconfianza. El transhumanismo causa estupor en este sector, pero todavía no es tiempo de decir nada. El 2027 está demasiado cerca.
En la oposición, salvo contadas excepciones, hay silencio sobre Thiel. Una parte de la clase política no entiende cuál es la discusión que quiere dar el tecnomagnate y otra se entusiasma con la llegada de inversiones que promete el sector tecnológico. Los anuncios de data centers, y las promesas del derrame que llegará por la explotación de litio del NOA, de la energía de Neuquén o del uranio en Chubut, por poner algunos ejemplos, funcionan como anzuelos para un amplio espectro de la clase política.
Hasta ahora, el dueño de Palantir encontró pocos obstáculos. Uno de ellos es el periodismo, que le montó una guardia para llegar a tener una pista de sus movimientos, llevó al mundo la noticia del cierre de la sala de prensa de Casa Rosada y lo sigue investigando.
Thiel entiende la información también como propiedad privada y no son casuales su hermetismo y su sed de datos. Quizás haya sintonizado con Milei en su odio a los periodistas e imagine un mundo sin ellos.
También encontró límites en la sociedad civil, que todavía es fuerte en Argentina. Decenas de representantes de organizaciones sociales participaron en audiencias en el Congreso para impedir proyectos como Súper RIGI o la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada y lograron demorarlos o cambiar artículos clave. Y luego estuvo el triunfo de los Gandalf del Sur, que lo escracharon en la puerta de su mansión y lo llevaron a bajarse de la conferencia Vientos de Cambio.
Al cierre de esta investigación, nadie sabe cuántas ganas tiene Peter Thiel de irse o quedarse en Argentina. No sabemos si el futuro que imagina será el nuestro. Su armado con intermediarios, enviados, enlaces, y empresas montadas unas sobre otras, está por ahora sólido y en marcha. Entre tanto misterio, hoy es un poco más visible.
Esta larga pero necesario investigación fue posible gracias a Reporteros Sin Fronteras y sus autores son los periodistas GISELLE LECRECQ y JUAN LUIS GONZÁLEZ. Se publicó en el sitio Revista Anfibia.-
