EXPLICAR LO INEXPLICABLE.

POR: Jorge Riani (Periodista de Análisis Digital).-

 

La indignación se respira en el aire. Y es paradójico porque la noticia nos quita el aire. No son muchas las notas que nos provocan ganas de llorar mientras la escribimos. Pero esta, la de Micaela García siendo noticia nacional, la peor noticia que uno esperaba, sí, nos amontona el llanto en la garganta. Genera mucha indignación social saber que Sebastián Wagner, en la madrugada de ese sábado 1º de abril debió haber estado en su celda, y no un campo cometiendo el mismo crimen por el cual le destinaron esa celda. La celda estaba vacía, como vacías quedaran muchas vidas: la de una madre, un padre y un puñado de personas que vieron como cambiaron sus vidas en estos últimos siete días.
Hay un país entero tratando de entender lo inentendible: por qué un psicópata puede andar a sus anchas por una ciudad, eligiendo víctimas para amputarle la vida del peor modo. Todo el mundo sabe que un psicópata de ese tenor no tiene posibilidad alguna de readaptación. No lo dice un periodista sentado frente a la computadora. A eso nos lo contaron los máximos referentes de la psiquiatría a los que hemos consultados, en entrevistas radiales, en las revistas y los diarios para los que trabajamos, precisamente cuando quisimos saber qué pasa con los abusadores.

Y esos referentes consultados no son retrógrados paquidermos de teorías lombrosianas. De modo que sabemos que cuando el sistema le da una pena de prisión hasta 2019 a una persona como Wagner, estará entonces saliendo del encierro alguien capaz de hacer lo que ya hizo.

El punto es qué lleva a un juez de ejecución de Pena, como Carlos Rossi, a autorizar salidas anticipadas. Uno puede imaginar a un juez haciendo una interpretación fría de una ley, calculadora en mano, calendario sobre el escritorio, decidiendo al respecto.

En una entrevista periodística previa a todos estos hechos, Carlos Rossi dijo que los informes que los psicólogos, psiquiatras, médicos, trabajadores sociales, abogados hacen sobre la conveniencia o no de autorizar una salida no son vinculantes. En otras palabras, lo que dijo Rossi es “yo elijo si hago caso a lo que me dicen”.

Primera pregunta: para qué se hacen entonces los informes. Segunda pregunta: qué aspecto supremo tuvo en cuenta Rossi para sobreponer su criterio sobre el de los profesionales del servicio penitenciario.

Aunque sea tarde, algo tiene que explicar Rossi. Quizás sea frente al jury que ya están reclamando millares de argentinos.

Quizás se trató solo la decisión de un burócrata. Quizás fue exceso de valoración en sus propias posibilidades: “lo hago porque puedo”. Quizás pensó que ese es su trabajo y si no lo hace se queda sin trabajo. Cuesta mucho entender la decisión. Y la ciudadanía necesita una explicación.

Quizás también se puede amparar el juez en que él simplemente es un operador de un sistema que deciden los legisladores. Digamos que eso es una mentira. Porque es cierto que hay un marco legal en el que moverse, pero también es cierto que si hay un juez de ejecución de pena es porque, precisamente, hay criterios que atender en cada caso. De lo contrario de qué sirve dar una condena hasta 2019 si a mitad de camino un juez, como si fuera un emperador romano, puede regalar conmutación o indulto.

Los técnicos del código dirán que este cronista confunde todo y que no se trata de conmutación, ni de indultos. No es lo mismo, dirán. Bueno, sí: es lo mismo. A los fines prácticos es lo mismo. Alguien con poder pone punto suspensivo a una condena. Es igual y pongan el nombre que quieran.

No es la primera vez que escribimos sobre la actuación de algún juez de ejecución de Pena. Ya lo hicimos cuando el autor intelectual de un crimen, pariente directo de un juez de la corte entrerriana, salía de paseo, iba a los cumpleaños familiares, pasaba las fiestas fuera de la cárcel, caminaba por donde quería, autorizado por un juez de ejecución de penas. Trece salidas en un año y antes de que se cumpla el plazo mínimo para cualquier autorización.

De modo que sabemos que hay discrecionalidad en el accionar de los jueces de Pena. El punto es para qué se usa esa discrecionalidad. ¿Para liberar a un violador? ¿Qué tuvo en cuenta Rossi para decir que Wagner no constituía peligro para nadie? Porque la verdad que uno quiere pensar que él creía eso y que se equivocó. De lo contrario, el tema sería mucho más grave.

¿Qué hizo el juez Daniel Rossi el 8 de marzo, cuando una multitud reclamó atención sobre el mal endémico del femicidio? ¿Estaba leyendo los códigos calculadora en mano?

Tirarle las culpas al sistema es tirárselas a nadie. Un ex senador nacional, ex candidato a gobernador de la misma ciudad en la que actúa Rossi, publicó una suerte de pedido de indulgencia contra el juez. Cuando escribió el respaldo y el pedido de apoyo de todo el “foro local”, el cuerpo de Micaela García no había sido encontrado todavía.

Con la noticia del hallazgo ya entristeciendo el sábado, el ex senador nacional reclamó que se cambien las leyes. ¡Un ex senador mandato cumplido pide que cambien las leyes!

El caso es grave y hay que evitar las actitudes simplistas. La demagogia no ayuda en este momento. Hay que tomarse el asunto con mayor responsabilidad y con mucha vergüenza –propia o ajena– por esta sociedad que construimos entre todos.

Pasamos la noche del viernes conectados a las fuentes de noticias sabiendo que en cualquier momento aparecía el cuerpo de Micaela. Avisamos de cada novedad a los editores nocturnos de los sitios de noticias. Entretanto, de buscar información, pudimos ver el perfil de Facebook de Micaela.

Uno ve allí a una chica jovencísima inundada de vida, de alegría, de compromiso, de entusiasmo. Al ver sus fotos, la angustia pega fuerte en el pecho y el llanto en la garganta. Y uno piensa que este mundo está muy mal, muy desquiciado si esa niña se fue de él del modo en que se fue.

Ahora nos queda la angustia y mucho trabajo por hacer. Jueces, legisladores, gobernantes tienen trabajo por delante, entre otros, dar una explicación aunque resulte inexplicable, y anunciar qué piensan hacer. Lo que hagan no alcanza ya. Pero casos como los de Micaela García no pueden volver a ocurrir por desidia, desinterés, irresponsabilidad de los hombres públicos.

A Micaela García la mató un asesino que no actuó solo: de su lado tuvo a un sistema que le regaló la libertad para salir a buscar a su nueva presa.

Sobre el Autor

Carlos Suarez
Periodista egresado del ISET N° 18 "20 de Junio" de Rosario, S.F. en 1990. Participó del Primer Congreso Internacional de la Comunicación y el Periodismo en 1998. Colaboró con el programa LA OREJA de Radio Rivadavia conducido por Quique Pesoa en 1992. A partir del 1 de octubre de 2018 condujo VIVA LA MAÑANA por Radio Viva 104.9 de Federación, E.R. En este 2019/2020 administra y redacta en esta página Federación al Día. A partir del 29 de junio de 2020 volvió a FM Stereo 99.3 con el clásico "Demasiado temprano para mentiras", desde las 7 de la mañana. En marzo de 2021 comenzó el nuevo ciclo "La Mañana de Uno" por la 106.1, de lunes a viernes y de 9 a 12 de la mañana.

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