HACKEAR A PETER THIEL. (Primera parte).

MANSIONTH
La presencia de Peter Thiel en Argentina abrió un sinfín de dudas y preguntas: cómo se gestó su llegada, la decisión de vivir en Barrio Norte, quién le manejó su rutina en Buenos Aires. ¿Qué vino a hacer realmente? La mayoría de las personas que tuvieron contacto directo con él se negaron a hablar o a contestar preguntas sobre sus intenciones y otras tan triviales como de qué escena de El Señor de los Anillos son los tapizados que mandó a poner en su nueva mansión. Desde Juan Grabois hasta Mauricio Macri, pasando por los dueños del club de Almagro al que fue a jugar al ajedrez, o los padres del colegio al que mandó a sus tres hijas, nadie quiso decir una sola palabra.

La misma actitud tuvieron algunas fuentes que tienen contacto fluido con los dos periodistas que trabajamos todos los días, durante un mes y medio, en esta investigación. Cuando aparecía el nombre de Peter Thiel, se cerraban.

Sin embargo, el tecnomagnate más influyente de Silicon Valley no logró borrar todas sus huellas. Las personas pueden callar, pero los documentos hablan.

El Boletín Oficial nos dio la primera pista para rastrear a los misteriosos intermediarios que lo ayudaron a comprar la mansión. Uno de ellos estuvo a cargo del Departamento Legal de la iglesia mormona para el Cono Sur y el otro aportó para la campaña de Juntos por el Cambio en 2023, según quedó registrado en la Cámara Nacional Electoral.

Las solicitudes de acceso a la información en la Inspección General de Justicia (IGJ) permitieron desentrañar una trama societaria detrás de la cual aparecieron dos ejecutivos de Thiel Capital.

El Instituto Nacional de la Propiedad Intelectual (INPI) reveló que Thiel había puesto un ojo en Argentina durante el gobierno de Alberto Fernández, en 2022, cuando inscribió su marca.

Los registros de la Casa Rosada revelaron que el cofundador de Próspera, la ciudad privada de Honduras financiada por Thiel, se reunió con funcionarios del gobierno de Milei antes que el propio empresario tecnológico.

Y un archivo periodístico arrojó un dato inquietante: Thiel intentó entrar a la Argentina por primera vez hace diez años, cuando estuvo a punto de quedarse con los archivos secretos de la AMIA. Hoy, esa información sobre la que fue posible volver y profundizar, adquiere un nuevo significado.

La que sigue es la historia jamás contada sobre los meses que Thiel pasó entre nosotros.

La larga huella de Palantir

El jueves 23 de abril, luego de cerrar la sala de periodistas por primera vez en la historia de la democracia, Javier Milei recibió a Thiel en la Casa Rosada. Fue el cuarto encuentro que mantuvieron cara a cara, pero fue mucho más que eso: sirvió como el anuncio formal de que el tecnomagnate había llegado a vivir a Argentina.

Desde entonces se instaló una pregunta de escala global: ¿Por qué Thiel tomó de la mano a Kristina, Victoria y Marie, sus tres pequeñas hijas, y junto a su esposo, Matt Danzesein, vinieron hasta este rincón del fin del mundo? ¿Qué vino a hacer acá alguien que tiene una fortuna de casi 32 mil millones de dólares y que, según Forbes, es uno de los cien hombres más ricos del mundo? Para entender los pasos del personaje no había que empezar preguntándose por el qué sino por el cuándo.

No fue, como sostiene el relato libertario, el triunfo de Milei y el auge de su “fenómeno barrial” lo que hizo que Thiel empezase a mirar Argentina. Su interés venía de antes.

Por un lado la preocupación por la energía, frente a lo que los expertos en el tema llaman “phase transition”: el parteaguas que llevaría a la IA a la “superinteligencia”, mayor a toda la humanidad combinada en lo que involucre tareas cognitivas. En enero de 2026, Elon Musk pronosticó que ese momento llegará entre 2030 y 2031. Y el primer gran socio de Thiel dijo algo más: “El factor limitante de la IA es la energía”. Hace tiempo que en Silicon Valley advierten esa necesidad y ya el año pasado Sam Altman, otro que salió de la escudería Thiel, anticipó la creación de grandes data centers por fuera de Estados Unidos. Uno de ellos, no casualmente, vendría a estar en Argentina. Para solucionar este cuello de botella energético los tecnomagnates planearon el desembarco en países no desarrollados que pudieran satisfacer sus demandas.

Pero Thiel no es dueño de estos gigantescos edificios llenos de hardware donde se ejecuta físicamente la IA y se dispara la demanda de energía mundial. Palantir, su empresa más relevante, es antes que todo una plataforma que recopila datos, pero para existir necesita sí o sí los centros de cómputos.

El 6 de junio de 2022, cuando Milei medía apenas unos puntos para las elecciones nacionales, Palantir Technologies se registró como marca en el Instituto Nacional de la Propiedad Intelectual (INPI). A través del estudio de abogados Berton Moreno IP LAW, la empresa de Thiel declaró ante el Estado argentino que venía a ofrecer, entre otras cosas, “software no descargable de inteligencia artificial perimetral; software para el análisis, organización, marcadores sociales y seguimiento de datos e información geoespaciales, cartográficos y de localización; software no descargable para el procesamiento de datos para su uso en la investigación avanzada de productos, ingeniería, y diseño en el ámbito de la seguridad nacional”.

Al final, la resolución aclara que “todos los servicios mencionados anteriormente son diseñados y comercializados para usuarios gubernamentales, empresariales u otros usuarios institucionales, excepto para consumidores individuales y no distribuidos a través de canales minoristas”. Thiel sólo piensa en grande.


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