Aunque el Gobierno exhibe el aumento del empleo total como un logro económico, los datos del mercado laboral muestran una realidad más compleja: la mayor parte de los nuevos puestos son informales, mientras continúa la caída del empleo registrado. Más que una expansión del trabajo de calidad, los indicadores revelan un avance de la precarización laboral y una creciente presión sobre el mercado de trabajo.
El modelo 60/40 avanza a toda velocidad no solo en cuanto a la morfología laboral, la representación política se fragmenta en su plexo nacional, fragmentación promovida y potenciada por el apresamiento y proscripción del liderazgo nacional que encarna Cristina Fernéndez de Kirchner, y se ordena de acuerdo a esta nueva configuración socioeconómica. ¿Podrá evitarse finalmente? No lo sabemos.
El análisis del primer trimestre de 2026 confirma una dinámica contractiva en el mercado laboral argentino: consolidación en el alza de la desocupación, y fundamentalmente, el crecimiento de la precariedad laboral, y aumento de la presión sobre el mercado de trabajo.
La tasa de desocupación, si bien se mantiene en valores similares al del mismo trimestre del año anterior (7,8%), consolida el incremento registrado desde 2023 (+0,9 p.p.). En diversas ocasiones Milei se refirió al incremento en el total del empleo como un resultado positivo de su modelo económico. Por ejemplo, el 28 de abril en la cena de la Fundación Libertad, mostró un gráfico de la consultora Econométrica mostrando un incremento total de 113 mil puestos de trabajo desde el cuarto trimestre 2023 al cuarto trimestre 2025.
Sin embargo, según datos de la Secretaría de Trabajo, entre noviembre de 2023 y marzo de 2026 se perdieron 216.321 empleos privados registrados (-3,4%), y se dieron 165.542 altas en el régimen de monotributo (+8%), confirmando que los empleos perdidos, son reemplazados parcialmente con actividades desprotegidas. Del mismo modo, se puede rebatir el argumento oficial con los recientes datos que nutren este informe: según la EPH, en la era Milei, los únicos puestos de trabajo que se generan son informales.
Entre el 1 T 2024 y el 1 T 2026 se crearon 603.600 empleos no registrados, mientras que, en paralelo, se destruyeron 246.000 puestos de trabajo registrados. La presión global sobre el mercado de trabajo mostró un incremento interanual (+3,5%), explicada por un sensible incremento en la subocupación y una caída de la búsqueda de empleo entre quienes ya trabajan. En un escenario contractivo, esta disminución suele estar asociada al desaliento ante la escasez de oportunidades de calidad, en un escenario donde el empleo registrado en el sector privado continúa contrayéndose. Finalmente, el aumento de la tasa de empleo no registrado hasta el 44,2% constituye una señal inequívoca del deterioro del mercado laboral. La suba de 3,4 puntos porcentuales respecto del primer trimestre de 2023 muestra que una porción cada vez mayor de los trabajadores se inserta en ocupaciones precarias y sin protección social.
El informe CEPA del primer trimestre de 2026 muestra que el mercado laboral argentino atraviesa un deterioro estructural que va más allá de la estabilidad aparente de algunos indicadores agregados. Si bien la desocupación se ubicó en 7,8%, un nivel similar al de un año atrás, el dato relevante es que consolida una tendencia ascendente respecto de 2023 y se combina con una creciente precarización del empleo.
Uno de los principales problemas del discurso oficial es que equipara cualquier aumento de la ocupación con una mejora del mercado laboral. Los datos muestran otra realidad: entre noviembre de 2023 y marzo de 2026 se perdieron más de 216 mil empleos privados registrados, mientras crecieron en más de 165 mil los monotributistas.
Esto indica un reemplazo parcial de puestos formales por modalidades laborales más inestables, con menor protección social y peores condiciones de trabajo.
La Encuesta Permanente de Hogares profundiza este diagnóstico. Entre el primer trimestre de 2024 y el primero de 2026 se destruyeron 246 mil empleos registrados y se generaron más de 603 mil puestos no registrados. Es decir, el empleo crece únicamente en los segmentos más precarios de la estructura ocupacional. No se observa una expansión del trabajo formal impulsada por la inversión productiva, sino una adaptación defensiva de trabajadores que buscan cualquier fuente de ingresos en un contexto de ajuste económico.
También aumentó la presión sobre el mercado laboral. La expansión de la subocupación refleja que cada vez más personas trabajan menos horas de las que necesitan y buscan ampliar sus ingresos. Paralelamente, disminuye la búsqueda de empleo entre quienes ya tienen una ocupación, un fenómeno que puede asociarse al desaliento ante la falta de oportunidades laborales de calidad.
El dato más preocupante es el crecimiento de la informalidad. La tasa de empleo no registrado alcanzó el 44,2%, 3,4 puntos porcentuales por encima del primer trimestre de 2023. Esto implica que casi uno de cada dos trabajadores asalariados carece de derechos laborales básicos, cobertura previsional y protección frente al desempleo.
Desde una perspectiva económica y social, el modelo vigente parece estar produciendo una recomposición regresiva del mercado de trabajo: menor peso del empleo asalariado formal, expansión de formas laborales precarias y deterioro de la capacidad de negociación de los trabajadores. La reducción de la inflación, objetivo central del gobierno, se apoya en parte sobre una fuerte disciplina del mercado laboral, donde el ajuste recae principalmente sobre salarios, estabilidad y calidad del empleo.
En síntesis, los datos no respaldan la idea de una recuperación sólida del empleo. Lo que muestran es una transformación de su composición: menos trabajo registrado y más informalidad, monotributización y subocupación. El principal rasgo del mercado laboral durante la gestión de Milei no es la creación de empleo de calidad, sino la expansión de formas de inserción laboral cada vez más precarias.
Ingeniería Narrativa
La afirmación habitual de que el gobierno «falsea» las cifras requiere prudencia. Para sostener que existe falsificación deliberada habría que demostrar manipulación de los datos producidos por organismos estadísticos. Hasta el momento no hay evidencia pública concluyente de que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) esté adulterando los datos laborales.
Lo que sí puede señalarse es que el gobierno selecciona determinados indicadores y deja en segundo plano otros que ofrecen una imagen menos favorable. Es una práctica habitual en muchos gobiernos.
En el caso de Milei, el argumento oficial suele apoyarse en el aumento de la cantidad total de ocupados. El problema metodológico es que ese dato, por sí solo, no distingue entre empleo formal e informal, ni entre empleo pleno y subocupación. Por eso puede coexistir un aumento de la ocupación con un deterioro de la calidad del trabajo.
Las principales críticas al discurso oficial son cuatro:
- Destacar el crecimiento del empleo total sin enfatizar la destrucción de empleo privado registrado.
- Presentar el aumento del monotributo como creación de empleo cuando una parte puede reflejar procesos de tercerización o autoempleo forzado.
- Subrayar la desaceleración inflacionaria mientras se minimizan los efectos sobre salarios, empleo y consumo.
- Utilizar períodos de comparación favorables que permiten mostrar mejoras puntuales mientras se omiten tendencias más largas.
El gobierno necesita exhibir resultados positivos para sostener la legitimidad de su programa de ajuste. En ese marco, la ingeniería narrativa oficial prioriza variables como inflación, superávit fiscal y estabilidad financiera, mientras que sectores sindicales, universidades y centros de estudios laborales ponen el foco en empleo registrado, salarios reales y condiciones laborales.
La discusión de fondo no suele ser sobre los números en sí, sino sobre qué indicadores se consideran relevantes para evaluar el éxito o fracaso de una política económica.
Los datos del mercado de trabajo del primer trimestre de 2026 muestran que, aun cuando la ocupación total no se desploma, existe un deterioro significativo en la calidad del empleo, reflejado en el aumento de la informalidad, la subocupación y la pérdida de puestos registrados. Esa es la principal debilidad de la interpretación oficial.
Obviamente esta precarización que en tres provincias – Salta, Santiago y Tucumán- supera ya el 50% supone caída salarial, una de las anclas del programa oficial, hoy según el último valor oficial del índice RIPTE (Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables) publicado por el Gobierno Nacional es de $1.837.609,35, promedio que en su desagregado muestra una enorme dispersión.
En el mismo mes de mayo de 2026, una familia tipo metropolitana (dos adultos y dos hijos) necesitó $1.498.741 para superar el umbral de pobreza en Argentina sin considerar el costo del alquiler y medida en base a un índice de Precios al Consumidor (IPC) que atrasa dos décadas.
Este deterioro salarial se compensa en parte con pluriempleo. Hoy el 13% de la Población Económicamente Activa (PEA) informa que realiza más de un empleo, para comparar la magnitud de la problemática, en esta misma región, las PEA de Uruguay y Chile registran un 4% promedio de pluriempleo.
Conclusión:
Estamos con una situación laboral típica de los modelos de país Fernet, 70/30, muy habituales en la región, donde 3 de cada 10 habitantes, participa del esquema de integración que propone el modelo que impulsa el gobierno nacional y el resto si no se jode ya, le faltan 10 minutos.
Como es lógico estos efectos de estructura producen cambios en otras prácticas sociales, en particular en las modalidades de representación política.
La ciudadanía y en particular la más vulnerable, no dispone – y en muchos casos ya tampoco demanda- de representación política nacional potente, domina la dispersión y fragmentación en la representación política, consecuencia y causa de la proscripción de los liderazgos nacionales popular- democráticos.
Es en este contexto donde también debe observarse desapasionadamente que Cristina Libre no es una consiga electoral, es el intento de mantener el andamiaje nacional frente a la disolución que promueve el actual modelo socioeconómico, político y cultural mientras en la oposición, al menos por ahora se impone la sentencia que con talento lanzara como autocrítica Juan Grabois: “Somos unos quesos”(1)
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(1) El adjetivo queso muy utilizado en los años setenta daba cuenta de un sujeto que no poseía los atributos que su función requería. Por ejemplo, en los partidos de fútbol de entonces, quien se pretendía “Wing” era derivado como arquero, precisamente por se considerado un “Queso” sin pique consistente, ni habilidades para jugar contra la raya y echar el temible centro atrás que dejaba a contrapié a la defensa contraria. El tema de la actual oposición, es que no tiene dificultades para superar los oscuros planes de la civilización Palantir y Peter Thiel, sino que trastabilla frente a Karina Milei y sus habilidades en repostería parlamentaria.
AUTOR: ARTEMIO LÓPEZ.-
