Venezuela declaró una emergencia nacional tras los daños ocasionados por dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5, separados por apenas 39 segundos. El fenómeno, conocido como doblete sísmico, es poco común; sin embargo, existen antecedentes documentados en distintas regiones del mundo que continúan siendo objeto de estudio para ampliar el conocimiento sobre los mecanismos de transferencia de tensiones tectónicas dentro de la corteza terrestre y la interacción entre fallas geológicas.
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) informó que ambos movimientos telúricos tuvieron su epicentro al noroeste de la localidad de Yumare, cerca de la ciudad de Morón y a unos 160 kilómetros al oeste de Caracas. Con profundidades de 20.3 y 10 kilómetros, respectivamente, los temblores se percibieron en gran parte del norte de Venezuela y en varios países del Caribe.
La secuencia fue clasificada como un doblete sísmico severo, un fenómeno que ocurre cuando dos terremotos de magnitud similar se producen casi simultáneamente en áreas cercanas. Este tipo de eventos es poco frecuente. Según estimaciones del USGS, la probabilidad de que un sismo sea seguido por otro de mayor magnitud en una zona próxima y dentro del plazo de una semana es de aproximadamente 5%.
Uno de los dobletes sísmicos más relevantes de la historia reciente ocurrió hace cerca de tres años en Turquía y Siria, cuando un terremoto de magnitud 7.6 siguió a otro de magnitud 7.8. Un estudio publicado posteriormente sugirió que el fenómeno fue consecuencia de la tensión tectónica acumulada durante más de dos siglos en la falla responsable del primer movimiento. Al romperse, esta liberó esfuerzos que se transfirieron a una falla cercana, desencadenando rápidamente el segundo evento.
Los especialistas consideran que un proceso similar pudo haber ocurrido en Venezuela. Mark Allen, catedrático del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Durham, explicó en una declaración retomada por SMC España que “es probable que el primer terremoto provocara la ruptura de un segmento de la falla y transfiriera la tensión a otra falla, que a su vez se rompió, provocando el segundo terremoto”.
Allen también señaló que las características geológicas de la región donde se registraron los epicentros desempeñaron un papel importante. “Los eventos parecen haber tenido lugar en el límite de placas entre Sudamérica y el Caribe. En esta región, las placas se desplazan lateralmente una respecto de la otra, de forma similar a lo que ocurre en la falla de San Andrés, en California”, precisó.
Estas condiciones favorecen la generación de terremotos de desgarre, que ocurren cuando dos bloques de la corteza terrestre se desplazan horizontalmente a lo largo de una falla y liberan de manera repentina la tensión acumulada durante largos periodos.
Este tipo de movimientos suele provocar daños significativos debido a que se origina a profundidades relativamente reducidas. A diferencia de los terremotos de subducción, que ocurren cuando una placa tectónica se introduce por debajo de otra, los sismos de desgarre tienden a desarrollarse más cerca de la superficie terrestre.
El especialista de la Universidad de Durham advirtió que, debido a estas circunstancias, “existe riesgo de que se produzcan más terremotos (réplicas) en la región de Caracas. La capital venezolana se encuentra en una zona propensa a la actividad sísmica y es posible que las fallas locales hayan quedado sometidas a tensiones adicionales tras los eventos recientes”.
Esta previsión coincide con las estimaciones del USGS. El organismo recordó que, tras terremotos de tal magnitud, “lo esperable es que la sismicidad continúe durante los próximos días, semanas e incluso meses, pudiendo prolongarse hasta un año. No obstante, lo habitual es que la frecuencia de los movimientos disminuya gradualmente con el tiempo, aunque no se pueden descartar réplicas de magnitud considerable”.
La información oficial indica que, hasta el momento, los dos sismos registrados en Venezuela han provocado la muerte de al menos 164 personas y dejado cerca de 1,000 heridos. Sin embargo, el USGS estima que la cifra final de víctimas mortales podría situarse entre 10,000 y 100,000 debido a diversos factores relacionados con la intensidad del movimiento y la vulnerabilidad de las zonas afectadas. Estos números son estimaciones estadísticas diseñadas para respaldar la planificación ante emergencias y no constituyen cifras confirmadas de víctimas. El servicio destaca que esos datos aún no han sido revisados por un cuerpo científico.
“Aparte de las magnitudes, es necesario contar con información sobre las intensidades registradas, las ecuaciones de predicción del movimiento del suelo y la forma en que las ondas sísmicas se propagan según la geología local. También influyen la densidad de población, la vulnerabilidad de los edificios y la calidad de las construcciones. Se trata de una combinación de numerosos datos y no todos se conocen con exactitud, por lo que los márgenes de variabilidad son tan amplios”, explicó el organismo.
