EL ALGORITMO: ¿QUIÉN DECIDE POR NOSOTROS?

En un nuevo episodio de La Fórmula Podcast, Joan Cwaik, el divulgador especializado en tecnologías emergentes y sociedad, expuso los efectos invisibles pero determinantes que los algoritmos tienen sobre nuestras decisiones, emociones, vínculos y hasta la percepción de la realidad.

Analizó cómo la hiperpersonalización digital y las burbujas de contenido moldean conductas sin que lo notemos, y advirtió sobre la radicalización silenciosa que puede surgir en ese entorno. Con ejemplos concretos y mirada crítica, cuestionó el “precio de la conveniencia” que implica delegar la autonomía en sistemas diseñados para maximizar la atención y no la profundidad. El episodio completo ya está disponible en Spotify y YouTube.

Joan es un autor, conferencista y docente argentino especializado en tecnologías emergentes y su impacto en la sociedad. Con una sólida formación académica y profesional, actualmente es Head of Marketing para Latinoamérica en Maytronics, profesor en la Universidad de San Andrés y columnista en medios. Ha publicado cuatro libros, el más reciente es: El algoritmo: ¿quién decide por nosotros? Ha brindado más de 400 conferencias en 18 países, donde promueve la importancia de recuperar habilidades humanas como la empatía, la creatividad y el pensamiento crítico frente al avance de la automatización.

— En tu último libro explicás cómo los algoritmos impactan en el amor, la productividad, las decisiones y hasta en la economía. ¿Dónde creés que reside la mayor tensión o incertidumbre que esto genera en las personas?

— Los algoritmos muchas veces nos conocen mejor que nosotros mismos, son tan personalizados, que compiten tan bien por nuestra atención que nos resulta más cómodos y al ser humano, desde la biología, siempre vamos a ir a lo que nos resulta más cómodo, entonces ¿por qué nos cuesta ver tanto una película o una serie sin ver el teléfono? Por el mercado de la atención. Si a algo yo tengo que dedicar 45 minutos, una hora, en tan sólo dos minutos puedo retribuir y generar una dopamina cada vez más rápida, cada vez más placentera para nuestro estímulo biológico, entonces creo que una de las capas de análisis más importante que tenemos que entender es el precio de la conveniencia. ¿Qué estamos cediendo a cambio de esa conveniencia? ¿qué estamos cediendo a cambio de ese confort?

— Lo que decís en el libro me hizo pensar en cómo el algoritmo no solo moldea lo que consumimos, sino también cómo creamos. A veces sacrificamos profundidad solo para captar la atención en el primer minuto.

— Es cierto, pasa en la música, en una película. Si en los primeros dos minutos no hay bombas, explosiones, sexo, violencia, salteamos, hacemos un zapping muy rápido frente a esta sensación de abundancia, y eso lo podemos traspolar a un montón de ámbitos en nuestra vida cotidiana. A la hora de crear contenido cuántas veces hemos escuchado: “El algoritmo no me quiere, no me está mostrando, no sé cómo hacer para satisfacerlo”, el famoso shadowban, esto de “el algoritmo me está castigando”, porque premia cantidad a calidad, lo inmediato a lo profundo, el consumo más fugaz, más superfluo, es como la punta del iceberg porque la profundidad, de alguna forma, queda en segundo plano. Esto no es una invitación a demonizar a los algoritmos, pero hay algo muy importante que tenemos que comprender: que los algoritmos no son neutrales, tienen ideologías, hay gente que está atrás con intereses económicos, sociales, geopolíticos específicos para retenernos. A TikTok o a Instagram le conviene que nosotros sigamos en la aplicación. Esas ideologías además están plagadas de sesgos, de intereses económicos, de intereses del capitalismo en general, y eso está redefiniendo un montón de cosas.

Vamos a un caso bien concreto: yo tengo un amigo de la secundaria que los algoritmos deciden no mostrármelo o mostrármelo cada vez más lejos en las publicaciones de historias o las publicaciones de feel por una cantidad de reglas que no término de entender ni son muy claras, ¿qué me termina pasando a mí con ese vínculo? A largo plazo está perdiendo relevancia en mis amistades o en mis vínculos sociales, lo mismo pasa puede ser con un colega del trabajo, con el amor. Los algoritmos están empezando a redefinir muchas cosas muy profundas de nuestra vida cotidiana y la bajada del libro es “¿quién decide o quién termina decidiendo por nosotros?” Porque nosotros tenemos una ilusión de estar controlando a quién seguimos, a quién dejamos de seguir, a quién silenciamos, a quién bloqueamos, a quién ocultamos, a quién ponemos en “mejores amigos”, o esos mismos términos y condiciones que firmamos, muchas veces sin leer, pero es una ilusión, porque al fin y al cabo hay muchos intereses por detrás. Entonces, ¿quién termina decidiendo por nosotros? ¿Somos realmente autónomos en este siglo XXI o estamos siendo controlados por estos entes tan difíciles de comprender o de interpretar?

— Los sesgos siempre existieron, pero el algoritmo y la era digital los amplifican: hoy no sólo elegimos lo que confirma nuestras ideas, sino que vivimos cada vez más encerrados en nuestras propias burbujas.

— Nos terminamos radicalizando sin darnos cuenta también, porque los algoritmos me van a mostrar gente que piensa parecido a lo que pienso yo, no me van a mostrar lo que piensan a amigos de mis amigos, me van a mostrar gente que seguramente concurra a los mismos restaurantes o lugares turísticos, o que usen marcas de ropa parecida a la que uso yo, todo obviamente con esa promesa de los fines publicitarios o de esa personalización de oferta, pero también nos terminamos encerrando cada vez más, entonces hay una capa que es el precio de la conveniencia. Otra capa es esto de las cámaras de eco y radicalizarnos sin darnos cuenta, y hay una tercera capa que es esto de no entender cómo funciona la tecnología, no ser conscientes porqué estamos en un mundo que nos fomenta consumir tecnología y no a crear tecnología, nos fomenta a leer y no a escribir.

Hay un cuento del año 1797 que se llama “El aprendiz de brujo”, después Disney hizo una adaptación en la década del ’40, escrito por Goethe, que es muy interesante y un poco ilustra esto de los algoritmos. Básicamente la historia es que un brujo contrata a un aprendiz y se va de ese taller. El aprendiz le hace el encanto a una escoba para que vaya a buscar automáticamente agua a un río y vuelva a llenar una batea. Al principio estaba chocho el aprendiz porque con ese encantamiento lo que hacía era que se obviaba ese trabajo operativo de ir a buscar al río el agua, volver, ir y volver, ir y volver, lo que pasa es que en un momento no podía cancelar el hechizo y se empezó a inundar el espacio porque no entendía muy bien cómo usarlo hasta que llega el brujo y de alguna forma elimina ese hechizo. ¿Qué tiene que ver esto con los algoritmos? Todo. Si estamos cediendo constantemente nuestras decisiones, nuestras formas de vincular, nuestras formas de crear, nuestra forma de exponernos, a una tecnología que no terminamos de comprender, quizás estamos en un momento en donde el agua nos está llegando a las rodillas, y eso está muy vinculado a la forma de cuán consciente somos, de qué límites les estamos poniendo, y de qué estamos cediendo porque a la hora de usar tecnología siempre estamos cediendo algo a cambio.

Sobre el Autor

Carlos Suarez
Periodista egresado del ISET N° 18 "20 de Junio" de Rosario, S.F. en 1990. Participó del Primer Congreso Internacional de la Comunicación y el Periodismo en 1998. Colaboró con el programa LA OREJA de Radio Rivadavia conducido por Quique Pesoa en 1992. A partir del 1 de octubre de 2018 condujo VIVA LA MAÑANA por Radio Viva 104.9 de Federación, E.R. En este 2019/2020 administra y redacta en esta página Federación al Día. A partir del 29 de junio de 2020 volvió a FM Stereo 99.3 con el clásico "Demasiado temprano para mentiras", desde las 7 de la mañana. En marzo de 2021 comenzó el nuevo ciclo "La Mañana de Uno" por la 106.1, de lunes a viernes y de 9 a 12 de la mañana.