Vivimos en una burbuja. Antes a esta frase la hubiera puesto entre signos de pregunta, ahora ya no. Estoy seguro que vivimos en una burbuja. Mientras los medios de comunicación de CABA, mal llamados nacionales, impulsan sus intereses y nos convencen de muchas cosas, aquí, en el noreste de Entre Ríos, en Federación, seguimos respirando. Y parece que el aire no está tan enrarecido como en otros lugares. (Salvo que te encuentres con las activistas contra la geoingeniería).
Vivimos en una burbuja. Si bien las cuestiones generales del país, la provincia y el mundo, llegan, tarde o temprano, podemos disfrutar de nuestra cápsula. Digo, escribo, pienso esto, a partir de ver la carnicería llena de gente comprando para festejar el Día de la Madre. Se siente el olor a carne asada. Inflación, pobreza, gente en situación de calle, violencia contra las mujeres, no golpean a Federación como sí pasa en otros lugares. (Concordia continúa siendo la ciudad más pobre del país).
Esto que afirmo obviamente es discutible. Se trata de cómo cada uno percibe una realidad. Si yo tomo mi profesión (el periodismo) y afirmo que aquí es difícil ejercerlo, que se gana nada y se trabaja demasiado, es solo una percepción propia. Otros «colegas» no dirán ni pensarán lo mismo. Es una cuestión de cómo uno recibe los embates de la realidad. Y por eso sostengo que vivimos en una burbuja.
Atiendo cotidianamente las situaciones violentas por las que pasan los vecinos. Dueños de negocios que son asaltados, estafas virtuales, violencia doméstica contradicen la seguridad y la tranquilidad en las que nos embanderamos. Pero esa tranquilidad y esa aseguridad existen. Una cosa son las estadísticas y otra diferente es cómo te golpea una situación donde tu hija perdió una pierna, una familia fue borrada de la faz de la tierra, un integrante de una familia se quitó la vida o alguien envenena la vida de otros con la falopa.
Como uno recibe en la psiquis y el cuerpo cada una de estas situaciones anómalas, disruptivas, violentas, está más allá de si Federación tiene porcentajes bajos en indigencia, suicidios o femicidios. ¿Alcanza con que desde el aberrante femicidio de Mary Centurión no hemos tenido otro caso así? Creo que, si no alcanza, determina una realidad.
A lo mejor no sea bien leído, bien visto, afirmar que vivimos en una burbuja. Los que tienen el poder, o una cuota importante de él, me parece que se cuidan de no exagerar aplicándolo. A lo mejor no vivamos en una burbuja pero, pero…Por lo menos no es evidente aquí lo que sí lo es en otros lugares. O sea, no se nota tanto que un gobierno de desquisiados y ladrones, por obra y gracia de una mayoría que los eligió, nos gobierne. No se nota tanto el filtrado de nuestras existencias por parte de la tecnología. No se nota -para nada- la baja en la tasa de natalidad…Cosas así.
Como se ponía antes en balances y notas, SEUO (Salvo Error U Omisión) todo lo que usted leyó hasta acá es discutible…La carnicería llena un Día de la Madre es una realidad tanto como que hay aquí endeudados con la tarjeta, por ejemplo.
