Pese a su estilo sobrio, este pontífice está demostrando, como en su cruce con Donald Trump, que puede llegar a ser severo. O, como en su reciente viaje a Francia, que no esquiva los temas álgidos.
En los corrillos políticos se escucha insistentemente un interrogante que deriva inmediatamente en otro: ¿qué dirá el papa León XIV sobre la situación del país durante su visita a la Argentina? ¿cuán duro será? En general, las preguntas son formuladas a media voz tanto por oficialistas como opositores porque ningún dirigente -con las inevitables excepciones- quiere ser acusado de politizar de antemano la visita del pontífice.
Las máximas autoridades de la Iglesia católica vienen recomendando enfáticamente que nadie busque un rédito político de los conceptos acerca de la realidad nacional que eventualmente formule el Papa. Tanto el presidente del Episcopado, el arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo, como el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, piden evitar poner a León XIV “de un lado o del otro de la grieta”.
León XIV tiene una ventaja respecto de Francisco. Nadie le puede achacar una simpatía política alguna, a diferencia de Jorge Bergoglio que se lo relacionaba con el peronismo. Pero los obispos son conscientes de que lo que diga podría ser usado políticamente. El vicepresidente del Episcopado, cardenal Ángel Rossi, lo admitió: “Es probable que cada una de las partes políticas intente lucrar con su venida”.
¿Y qué puede decir León XIV? Por lo pronto, Rossi -que es a la vez arzobispo de Córdoba- advirtió que es un papa de hablar claro sobre cuestiones concretas. “Si bien lleva el nombre León, es un hombre manso, más silencioso que Francisco, pero cuando habla no anda con chiquitas, no tiene empacho en decir las cosas”, afirmó y redondeó: “Es más sintético que Francisco, pero no menos continente”.
Puso como ejemplo la respuesta de León XIV a Donald Trump luego de que el Papa criticara las guerras y el Presidente le adjudicara estar de acuerdo con que Irán tuviera armas nucleares. El pontífice le respondió que acepta las críticas siempre que sean sobre bases de verdad, que no le tiene miedo y que seguirá bregando por la paz. “Lo dejo en ridículo con tres frases”, dijo Rossi.
Efectivamente, aquella respuesta de León XIV mostró a un Papa firme cuando lo exige una circunstancia determinada ante un mundo que acaso tenía la impresión de que estaba ante un Papa más bien retraído y poco corajudo. Pero no solo mostró reacción ante crítica infundada: su reciente viaje a Francia fue una demostración de que tampoco esquiva los temas álgidos.
Por lo pronto, en el país cuna del laicismo desde la Revolución Francesa y las leyes posteriores, ante el presidente Emmanuel Macron en el Palacio del Eliseo, abogó por una “justa laicidad”, al afirmar que la neutralidad religiosa no debe confundirse con la exclusión de lo religioso del espacio público y de la educación, cosa que suele ser habitual en ese país.
Pero no le permitió a Macron que mezclara lo político con lo religioso haciéndole una “visita guiada” por la catedral de Notre Dame tras la restauración que realizó el Estado luego del voraz incendio de hace dos años. Es que León XIV tenía planeado hacer allí un rezo. Tampoco aceptó una comida de Estado, ni recibir la Legión de Honor, máxima condecoración de Francia.
A apenas un mes de la aprobación de la ley de la eutanasia, León XVI fue muy crítico en el santuario de la Virgen de Lourdes, la patrona de los enfermos. Pidió no caer en una “falsa compasión” frente al sufrimiento, acabando con una vida que todavía tiene viabilidad con la debida asistencia de los cuidados paleativos, sin caer en el ensañamiento terapéutico.
En un centro de refugiados en París y en Metz, donde se gestó la Unión Europea, avanzó sobre un asunto ultra polémico en Europa: la migración. Habló de un “encuentro de culturas sin precedentes”, aunque señaló que la integración debe ser en dos direcciones: permitir a los migrantes desarrollar sus talentos, pero estos entrar en el espíritu del país que los acoge.
En esta imagen publicada por Vatican Media, el papa León XIV reza en la Cueva de las Apariciones de Massabielle, en Lourdes, Francia, el sábado 26 de septiembre de 2026. (Vatican Media via AP)
En esta imagen publicada por Vatican Media, el papa León XIV reza en la Cueva de las Apariciones de Massabielle, en Lourdes, Francia, el sábado 26 de septiembre de 2026. (Vatican Media via AP)
En fin, volvió a defender una sana regulación de la Inteligencia Artificial -como le pidió Macron-, clamó por la vuelta del multilateralismo para afrontar los conflictos en contraposición con la actual preeminencia de las super potencias, propuso la vía del perdón para superarlos y -como hizo en España- pidió terminar con las polarizaciones tan de moda.
Si León XIV abordó estos temas candentes en Francia -y otros más como el aborto y la maternidad subrogada-, ¿por qué no habrá de referirse a cuestiones igualmente candentes en la Argentina que se vinculan con preocupaciones constantes de la Iglesia que brotan del Evangelio y de su Doctrina Social, de cuyo fundador este Papa toma su nombre?
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Aunque aclaró que no sabe de qué va a hablar León XIV en el país, García Cuerva dijo en los últimos días que el Papa “va a encontrar un país dividido y con mucha pobreza”. Algo muy similar dijo Rossi. Aunque ambos aclararon que esas realidades no son nuevas. Ni que interpelan sólo al Gobierno, sino a todos según niveles de responsabilidad.
¿Por qué no pensar entonces que el pontífice se va a referir a la pobreza y a la grieta? Claro que lo hará como siempre lo hace un pontífice desde un plano elevado, sin acusar directamente a nadie, sino llamando a la reflexión. Siempre desde el plano de los principios y las actitudes, no de las soluciones técnicas que no le competen a la Iglesia.
En es ese sentido, García Cuerva dijo también que hay tres tiempos relacionados con la visita papal: el de la preparación, el de la realización y el de la puesta en práctica de sus orientaciones y exhortaciones. “Nos va a dejar tarea para el hogar”, gráfico. Los dirigentes no deberán buscar únicamente “la foto”, sino atender sus postulados.
León XIV llega con una ventaja respecto de Francisco: nadie puede achacarle una simpatía partidaria como ocurría con Jorge Bergoglio. Además, tenía definiciones fuertes. “Montaba el Evangelio en pelo y sin apero”, afirmó Rossi en su habitual tono campero.
El actual Papa tendrá una gran libertad para hablar, pero -de nuevo- el riesgo del uso político existe. ¿Qué pasará si dice, como dijo en Francia, que “los pobres no son una categoría sociológica, sino la carne de Cristo”? ¿Lo tomaremos para intercambiar acusaciones o buscar soluciones entre todos?
En opinión de Rossi, “el cariño de la gente por el Papa pasará por encima” los intentos de usarlo políticamente. Ojalá así sea.
AUTOR: SERGIO RUBÍN. TN
