Primero que nada, una frase de Perogrullo. Cincuenta años no son dos días. Y, no, no son dos días, son 50 años. Empiezo a escribir esto así porque, como diría Joan Manuel Serrat, uno dice 50 años pero hay que pensar cuántos días entran en 50 años, cuantas horas de cada día y qué cosas pasan en esas horas de cada día. Un día puede ser nada y a la vez puede contener un universo. Ya lo creo que se sacudió aquel 30 de septiembre de 1976 el universo federaense. Ni bien Ernesto Silvestri se comunicó por teléfono con su aserradero desde Buenos Aires para anunciar que sí se haría la nueva ciudad de Federación, empezaron a sonar las campanas de la iglesia y a salir en tropel la gurisada primaria y secundaria. Se improvisó una marcha hasta la Gruta de Lourdes y después se aprestaron autos pintados con leyendas que decía que sí se hacía la nueva ciudad. Y se fue hasta Chajarí a pasarles por la jeta, perdón, que íbamos a tener ciudad nueva. Los vecinos chajarienses decían que íbamos a hundirnos en el lago. Folklore puro ¿verdad?
Fue el Día de la Anunciación. Así lo bautizó Dora Brun de Arias, nuestra escritora.
En algún momento Ernesto «Chiche» Silvestri me contó que debieron recurrir al interventor dispuesto por la Junta dictatorial para gobernar Entre Ríos. El ministro del Interior, Albano Eduardo Harguindeguy -el que dijo que ya lo teníamos podrido- lo llamó al interventor, creo que era Trimarco, y le preguntó quiénes eran estos que habían ido a la Casa Rosada a reclamar. Lo tranquilizaron. Trimarco entró a hablar con Jorge Rafael Videla, Harguindeguy y el ministro de Economía, Alfredo Martínez de Hoz, y decidieron que la nueva ciudad de Federación se construiría. Silvestri se quedó esperando en la antesala.
Cuando se conoció la noticia, Federación se alborotó y algunos improvisaron carteles que decían GRACIAS, VIDELA.
La mitología popular local es rica en anécdotas que pueden haber sucedido o no. El ex intendente de facto, Humberto Aníbal «el Chueco» Hartwig aseguró que no hubo un recorte en la cantidad de casas de la ciudad, como siempre se creyó. Certificó que Harguindeguy sí le dijo a Silvia «Nona» Miller de Miñones lo de las carpas. «¿Por qué no compran cada uno una carpa y se mandan a mudar?», palabras más o menos, esto le dijo.
PUBLICACIÓN DE LA PERIODISTA EDIT BENÍTEZ DE ERRAMUSPE, QUE FIRMABA EN EL DIARIO EL HERALDO DE CONCORDIA COMO DON JUAN DE LA VEREDA.
—Y de los festejos del día 30 ¿qué me cuentan?““—Fueron espontáneos. Si algo no salió mejor es porque todo fue improvisado. Sobre el tambor. Sobre la marcha.““—Indudablemente que el entusiasmo lo puso el estudiantado secundario. Nadie podría haberlos atajado.““—¿Y qué me dicen de los chiquitos de la primaria?““—Me emocionó verlos cruzar el Arroyo La Virgen, rumbo a la Gruta, descalzos y tomándose de los más grandes. Menos mal que en ese sitio el arroyo es poco profundo.““—Solamente a ellos se les pudo ocurrir llegar a pie hasta la Gruta de Lourdes para dar gracias.““—La columna de automóviles fue impresionante.““—Y de la excursión a Chajarí acto seguido ¿qué me contás?““—Yo la llamaría más bien «incursión». Menos mal que nuestro Lord tuvo la precaución de prevenir a los de allá del avance de la formación.““—No me explico de dónde aparecieron tantos camiones, tantos coches, tantos pintores de letreros y tanta gente dispuesta a participar.““—No olvidemos que la alegría, como el temor, son igualmente contagiosos.““—¿A usted qué le pareció la columna?““—No pudimos contar los coches -porque frecuentemente se sobrepasaban, pero la columna subía y bajaba las lomas y parecía no tener fin.““—¿Vio qué contentos nos recibieron en Santa Ana y en Villa del Rosario?““—Sí. Nos saludaron con efusión y prodigaron aplausos. El Cura Párroco e Intendente de Villa del Rosario, Rvdo. P. Abeccia nos saludó y sus palabras fueron registradas en grabador.““—También fueron grabadas las palabras que en Chajarí pronunciaron las señoras Edith Benítez de Erramuspe y Fily Miller de Mautone y los señores José Santiago y Ricardo D’Auro.““- _ _““—¿Y de esa peregrinación qué me cuentas?““—Imponente. Pueblo de fe, indudablemente. Algo impresionante. La misa, ya entrada la noche, entre los árboles, bajo la luz de las estrellas, el fervor con que se daba gracias a la Virgen, la homilía, la comunión, la palabra serena y medida del Intendente, todo, todo, tuvo un marco extraordinario como si se hubiera querido señalar en el alma de los presentes el hito número uno de la nueva ciudad.““—Escuche: esa misa entre la sombra de los árboles, con escasa iluminación artificial, con el firmamento estrellado, con los feligreses emocionados allí en medio de la soledad del campo, llevó mi imaginación al Ostriano de Roma y las primitivas celebraciones del cristianismo.
