CRÓNICA DE UNA AMENAZA ANUNCIADA: LAS ADVERTENCIAS DE LOS PELIGROS DE LA IA.

BUUU

Las preocupaciones sobre las amenazas existenciales para la humanidad que conlleva el avance tecnológico no son nuevas. Aunque con ciertos matices, la discusión sobre las capacidades de la tecnología para acabar con la humanidad se ha planteado desde hace más de siglo y medio. Sin embargo, los últimos avances de OpenAI y Anthropic plantean una pregunta una pregunta más urgente que nunca»: ¿el discurso alarmista es una simple estrategia de marketing o realmente estamos en una época en la que la innovación amenaza la supervivencia de sus propios creadores?

En junio de 1863, el escritor Samuel Butler publicó en el periódico neozelandés The Press una carta titulada «Darwin Among the Machines» («Darwin entre las máquinas»), con una idea tan provocadora como influyente: las máquinas podrían experimentar un proceso evolutivo análogo al de los seres vivos hasta acabar superando al ser humano. La ficción ya había explorado la creación de vida artificial en obras como Frankenstein (1818), pero Butler fue uno de los primeros autores, (posiblemente el primero) en plantearlo de forma explícita, en aplicar las ideas de la evolución darwiniana a las propias máquinas y especular con que pudieran convertirse en una especie sucesora de la humanidad. En plena Revolución Industrial, Butler sostenía que las máquinas adquirirían capacidades cada vez mayores, mientras los humanos se volverían progresivamente dependientes de ellas, hasta llegar a un escenario en el que podrían alcanzar autonomía y ejercer la supremacía sobre sus creadores.

Más de un siglo después, en el año 2000, esta idea pasó de ser una hipótesis ilusoria a una teoría con mayor sustento científico. En aquel año se documentaron grandes avances en disciplinas como la robótica, la ingeniería genética y la nanotecnología, apoyados por sistemas de inteligencia artificial no generativa.

En ese contexto, Bill Joy, entonces científico jefe de Sun Microsystems, publicó en WIRED un ensayo titulado Why the Future Doesn’t Need Us (Por qué el futuro no nos necesita) en el que, con base en estas tecnologías consideradas peligrosas en aquel entonces, aseguraba que el desarrollo tecnológico podría llegar a un punto en el que los seres humanos perdieran el control de sus propias creaciones y pusieran en riesgo su supervivencia.

Joy comparaba esos tres avances tecnológicos con las armas nucleares. La diferencia, según él, era que una bomba nuclear requería grandes instalaciones, enormes cantidades de recursos y conocimientos especializados. En cambio, las tecnologías analizadas en su texto podrían llegar a estar disponibles para individuos o grupos pequeños.

Así introdujo una idea tan preocupante entonces como ahora: “destrucción masiva habilitada por el conocimiento” (knowledge-enabled mass destruction). Este concepto sugiere que el conocimiento, y no necesariamente una infraestructura gigantesca, podría convertirse en el elemento que permita producir daños de escala catastrófica.

De la IA a la IA generativa

Desde entonces, y con el avance de la inteligencia artificial no generativa, decenas de filósofos, científicos y desarrolladores comenzaron a emitir advertencias sobre la posible supremacía de la tecnología sobre el intelecto humano.

En diciembre de 2014, el astrofísico Stephen Hawking declaraba a la BBC que el desarrollo de IA “completa” podría significar el fin de la raza humana. Un año más tarde, se documentó el primer texto con peso académico que exponía los posibles riesgos existenciales relacionados con la IA.

Se trató de una carta abierta titulada “Prioridades de investigación para una inteligencia artificial robusta y beneficiosa”, firmada por Hawking, Elon Musk y cientos de investigadores, avalada por el Future of Life Institute.

El texto reconocía que la IA estaba avanzando rápidamente y podía producir enormes beneficios, pero señalaba que era necesario investigar cómo hacer que los sistemas fueran robustos y beneficiosos para la sociedad.

Con la aparición de ChatGPT, en 2022, esta conversación escaló debido a las capacidades añadidas a la IA. Estos sistemas dejaron de ser herramientas útiles para analizar, estudiar y procesar grandes cantidades de datos, para convertirse en recursos accesibles al público y capaces de producir contenido desde cero, con base en conocimientos previos generados por la humanidad.

La reacción fue inmediata. Desde principios de 2023, decenas de científicos, miembros de la industria, representantes de gobierno y académicos han expuesto sus preocupaciones sobre el rápido avance de la IA y su potencial destructivo.

Firmado por los propios interesados

En mayo de ese año, el Center for AI Safety (Centro para la Seguridad de la IA), una organización sin fines de lucro, publicó una declaración de una sola frase firmada por diversos académicos, así como por Sam Altman, CEO de OpenAI; Demis Hassabis, CEO de Google DeepMind, y Dario Amodei, CEO de Anthropic, entre otros.

“Mitigar el riesgo de extinción a causa de la inteligencia artificial debería ser una prioridad mundial junto a otros riesgos a escala social, como las pandemias y la guerra nuclear”, señalaba el texto.

Aunque breve, la declaración marcó un hito no solo por su contenido, sino por quienes la firmaron. El respaldo de altos ejecutivos al texto despertó sospechas sobre los posibles fines mecadotécnicos detrás del alarmismo.


Warning: count(): Parameter must be an array or an object that implements Countable in /home/u227029675/domains/federacionaldia.com.ar/public_html/wp-includes/class-wp-comment-query.php on line 405