KATJA ALEMANN Y LA MUERTE DE CHICHE GELBLUNG.

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Me enteré de que murió (Samuel, apodado Chiche) Gelblung.
Le conozco el historial acomodaticio. Fue parte de lo peor en el periodismo argentino. Inteligente, claro. Sobrevivió impune todos los gobiernos.
Tuve varias secuencias con él.
La primera, redactor en jefe de la revista G., muchos años, décadas creo, plena Dictadura, ya hacia los finales. Diciembre de 1982.
Yo era recién famosa. Prensa y todo lo demás. Había debutado en Lima con La Señorita de Tacna, fines de 1981, con la crema peruana de la mano de Vargas Llosa. Imperdible estreno, con pétalos de rosas cayendo sobre nosotros, los actores, en el teatro Miraflores. Así fue mi debut comercial. Teatro independiente ya venía haciendo desde 1979.
Volviendo de la gira, por Uruguay, Israel y Venezuela, en diciembre muere mi padre, de mi mano, en un acto poético. Toqué el piano toda la tarde en su casa, hasta que cerré la tapa y fui arriba a estar con él. Le tomé la mano y al ratito partió. Fue su mayor legado. Morir de mi mano.
En su funeral yo estaba en un estado de beatitud. También me pasó con mi madre. La poesía sublime de la muerte.
Días más tarde, en mi juventud empedernida de inocencia, fui a una invitación a bailar en un evento de la discoteca Hipopotamus, no sé si recuerdan. Siempre vestida rara para los parámetros nacionales. La cuestión fue que unos fotógrafos me pidieron hacer fotos, y yo acostumbrada a posar por mi madre fotógrafa, me divertí un rato, sacándome un sombrero que llevaba.
A la semana siguiente me encontré con 4 páginas en la revista G. El luto de Katja por papá Ernesto, con doble página sacándome el sombrero divertida.
Mi hermano Roberto me retó. No conocés el país en el que vivís.
Yo me sentí violada en mi refugio poético de despedida de mi querido padre. Furiosa pedí una entrevista con el director de la revista, Chiche, y fui con mi madre de escolta.
Recuerdo la escena. Entré con mi camisón de satin blanco que usaba mucho en esos días, con lentes gatúbela vintage de los años 50, y le grité, siempre parada, que el padre es sagrado y que se disculpe públicamente por ese atropello.
Él me dijo muy correcto y algo impresionado, mi madre tampoco era una presencia menor, que me ofrecía publicar lo que yo quisiera.
Escribí una carta a los lectores, con esta pluma que ustedes conocen, que ya entonces era incisiva, demandándole a los lectores su responsabilidad por consumir contenido amarillista, a desmedro del honor de las personas. Publicó un recuadro ínfimo en la contratapa, que se imaginarán, no leyó nadie.
Pero esa experiencia fue para mí, la pérdida de la ingenuidad en mi relación con los Medios. Tenía apenas 25 años.
Tuve otro cruce con él.
No sé si ustedes recuerdan que me fui a vivir 4 años a Costa Rica. Justamente para escapar del circo romano de la fama, que nunca fue de mi agrado. No había internet ni redes. Sola en la montaña con mi familia, escribiendo mi novela «La General», que no publiqué, aclaro, y con un viaje iniciático en curso. A los 2 años de soledad y escritura, de la nada, suena el teléfono de la finca en Costa Rica, número que nadie tenía, porque nadie llamaba, atiendo, y era la producción del programa de Chiche, «Memoria». Se hicieron los simpáticos entradores, típico, y yo desprevenida, contesté algunas gansadas, para después sentir que me están grabando y cortar. Esas 2 frases idiotas que les dije, les sirvieron para hacer una editorial con mis fotos en bolas y mis escenas eróticas en las películas, todas juntas. Parecía una actriz porno chic. Titularon que yo me había ido por miedo a envejecer.
Cuando me entero, en la finca La Jerónima de Heredia, en Costa Rica, me enfurecí de nuevo pero esta vez, tomé acciones legales. La imagen y la voz son derechos personalísimos. Nadie puede usufructuar de tu imagen, ni voz, sin tu consentimiento. Por eso me grabaron la llamada.
Los juicios tardan mucho. Mientras volví al país.
La última vez que lo vi, a Chiche, fue en esa audiencia de conciliación no conciliada, en la que se me hacía el simpático, como si todo fuera parte del negocio. Gané el juicio y tuvieron que pagar.
El ante año pasado creo, me invitó a su programa. No fui.
No le guardo rencor. Sólo creo que fue un pusilánime acomodaticio, como varios de su profesión.

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