«FARMEAR AURA»: LA JUVENTUD EN ESTA NUEVA ERA.

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NOTA DE ESTA PÁGINA: 

Origen de las palabras
  • Farmear: Viene del inglés to farm (cultivar) y del mundo de los videojuegos, donde significa repetir acciones de manera constante para acumular recursos o experiencia.
  • Aura: En el lenguaje internet, se usa como sinónimo de estilo, energía, seguridad o el magnetismo personal que proyecta alguien

¿Los ven, allá lejos? Sí, son los therians, aquellos jóvenes peludos que tuvieron su momento fugaz pero intenso –como la floración de los árboles Sakura o la explosión de una cañita voladora china en Navidad– este verano y, después del comienzo de clases, ¿desaparecieron? Deben seguir por ahí pero, ahora, la que va es otra. Trends, competencias, TikTok, bailes, cringe, una saturación que viaja a toda velocidad. Después de las vacaciones de invierno, el nuevo fenómeno pop es “farmear aura”.

Una madre le tira todos los yeites a su hija adolescente: mewing, six/seven, pasitos varios. “Mamá, eso es todo lo contrario a farmear aura”, le devuelve con crueldad la quinceañera. Todo recuerda a esa escena de Los Simpson, de aquel capitulazo llamado Homeropalooza, donde Homero maneja y surge el diálogo sobre ser “buena onda”.

Entonces, ¿cuándo se farmea aura? ¿Te la tiene que avalar otro? ¿Qué cosas farmean aura y qué cosas no? ¿Puede farmearse aura en el medio de la selva, sin que nadie vea ese farmeo? ¿Cuándo? ¿¡Cuándo se farmea aura, Dios!? Hoy, los medios mainstream y los +40 andan desorientados con el aurafarming de los pibes. Cosas que sí farmean aura, como para tener en el radar: Leo Mattioli fumando un puchito, Pepe Argento bajando las escaleras de su casa con estampa sexy, aquel nenito con buzo de Looney Tunes bailando como tía.

Suenan las estrofas del himno áurico: “Aura”, de Ogryzek, un funk electrónico agresivo. Y ahí, instantáneamente, un joven reparte bailes y poses salidas de Fortnite, League of Legends, Minecraft y un guiso que comprime desde Iron Man hasta El Lobo de Wall Street, pasando por el meme de la carita de chad y al español Lamine Yamal con los lienzos medio bajos. Un revuelto gramajo de cultura pop-ular.

El concepto de “farmear” viene del universo de los videojuegos. Ahí, los jugadores pueden realizar movimientos y acciones repetitivas para sacar algún tipo de ventaja. “Farm” es el inglés para “granja” y sí, refiere a las acciones loopeadas de la vida del campo: otra vez desmalezar, otra vez alimentar, otra vez cosechar, otra vez regar. Mientras que lo de “aura” describe el carisma, la confianza, la bola de seguridad. Farmear aura, entonces, es acumular millas de esa seguridad. Mientras más chad, más aura farmeada.

Y el gran salto de este berretín digital que anda llevando adelante la Generación Z tiene su grado cero en un viral de un joven brasilero tirando carita de Jim Carrey en La Máscara, frotando sus dedos, señalando al cielo y tirando unos six/seven –apenas un movimiento, y ya está– como sacudiendo unos melones en el aire. Puro charm, nada más y nada menos. Aquí, como con las batallas de rap de origen callejero, las competencias de aura entronizan ese 1 vs 1 en el que se impone el mejor. Puede haber jurado. A veces el jurado es el público. ¿Quién gana? El que condensa +1000 de aura (un comentario habitual en videos de TikTok y videojuegos de mundo abierto). Gana el más canchero, bah.

Asimismo, los fanáticos de la arqueología pop salmodiaron otro big bang: las pasadas modelísticas de Zoolander (Ben Stiller) y Hansel (Owen Wilson) en el film del 2001, ante la atenta mirada de David Bowie. Más acá, ya farmearon aura los muchachos de Paren la Mano, el mismísimo Marcelo Tinelli y el conductor Nico Occhiato, en Luzu. Y el pelotazo también cayó en Mar del Plata, con la Heladería Ibiza desarrollando un “helado de aura”, y con unas competencias en Plaza Mitre que dejaron a un tendal de personajes, guachines bailarines, imitadores del fallecido Gaspi y freaks varios.

Mientras tanto, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ya dio su puntapié con la competencia de farmear aura que hicieron en la Feria Kawaii, que juntó a otakus y emos de todos los colores. Y, obviamente, la inteligencia artificial ya anda masturbándose con sus fantasías de aura, juntando al Corazón de Seda con Chuchu, dos simpáticos y bizarros personajes nacidos en los caireles de la viralidad 2.0.

Incluso el mismísimo Guillermo Moreno, político pillo que entiende los devenires de las redes y sabe bien cómo regalar material con destino de recorte, aseguró que “el peronismo siempre está 10 años adelantado”. ¿Por qué? Básicamente, porque aseguró que el ademán achurador que le propinó a Martín Lousteau fue el que inauguró el gesto del aura. Sucedió el 1º de abril de 2008, en un acto oficial en Plaza de Mayo. A favor de Moreno: serían casi 20 los años adelantados.

Entonces, ¿qué gana un campeón de una competencia de aura? A veces premios físicos, otras veces lo más importante de todo: sumar más aura (y algún que otro follow en redes). El farmeo cósmico está elevando su ki a la máxima potencia. Sube y sube. Sube tanto que farmear aura ya está volando muy cerca del sol. Y el sol, sabemos, todo lo quema. Rápido. A lo bonzo. Hasta que los más jóvenes galopen otras mañas.

Así, la Gen Z pixeló la democratización del carisma, le puso un funk carioca y la convirtió en un activo para la banca del scroll. El aura –ese destello inasible e irrepetible– se emana y cotiza con la mirada ajena. Pero ojo, ojito, ojazo, ya lo dijo Walter Benjamin con eso de la “reproductibilidad técnica”: las coreografías insistentes destruyen el aura de la obra. El bien de consumo de esta temporada se insume rápido en la verdulería del cringe. Mientras tanto, hoy, ahora, queda disfrutar del brillo. Mañana el algoritmo cotiza en baja.

AUTOR: Hernán Panessi.-Licenciado en Periodismo y Relaciones Públicas. Columnista de Página/12.

Columna publicada en el Suplemento NO.


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