En una entrevista en Radio con Vos, Juan Grabois «explicó» las motivaciones de su reunión en la casa del multimillonario Peter Thiel, dueño de Palantir.
«Comprender este debate (IA y demases) y lo que está pasando es lo más importante del momento histórico; perderse la oportunidad de interactuar con el principal intelectual orgánico y miembro de la élite de Silicon Valley es una estupidez astronómica».
Con esa pobreza argumental, dos meses después de realizada, Grabois justificó ir a domicilio a la casa del fascista Thiel, a una reunión en la que, si uno analiza los motivos y se pone bueno, resulta tan opaca como controversial. Si uno analiza los motivos y opina realmente es de una bajeza impresentable. Y lo hace dos meses después, cuando lo único que hizo desde diciembre del ’23 fue hacer giras por los medios de comunicación. Ahora necesitó sabático.
Pero cualquiera que conoce el mundillo político sabe que para «comprender» o para «dialogar» con cuadros orgánicos no hace falta hacerlo en la oscuridad de la intimidad. Más aún cuando podés iniciar un debate frontal, o usar los numerosos vínculos para «saber» que quieren y piensan. Los lazos en el mundo político son enormes y se puede hacer lo mismo sin asumir ningún compromiso público como el que supone visitarlo.
La transparencia en el universo político es también una forma de fundamento y argumentación. Y no hay transparencia alguna en conversaciones privadas sin más fines que el de «saber» y «entender».
Pero había algo más. Grabois dice que, cuando salió la reunión fue el momento en que salía la Encíclica del Papa León XIV y él sigue «vinculado» a gente que trabajó con Bergoglio y ahora trabaja con León, que fueron quienes gestionaron la reunión. A confesión de parte, relevo de pruebas.
Porque no hay fines humanistas cuando te juntás con un tipo que es enemigo de la humanidad. Te juntás por rosca. Pero que sea un enemigo de la humanidad no lo hace un enemigo de la Iglesia ni de Grabois. El contrapunto actualmente existente entre ambos sectores preanuncia los diálogos de toda la vida. Recordemos como Grabois trataba de «nacionalista popular» y de «humanista católico» al fascista y ex asesor de Trump, Steve Bannon.
Recordemos también que tanto Bannon como Thiel aparecieron en los archivos Epstein. Aunque basta con recordar que nunca la Iglesia Católica le hizo asco a pedófilos o a gente vinculada a ellos. De hecho los ha criado profusamente puertas adentro de sus seminarios.
Porque lo que sucede es que Grabois es un cuadro orgánico de la iglesia católica y, en tanto tal, interviene en los debates políticos del mundo. Y esa organicidad lo hace mucho más espurio y peligroso que cualquier otro oportunista. De hecho él lo dice en la entrevista de Radio con Vos, en el programa de Ernesto Tenembaum. «Yo tengo toda una historia militante, y mirá si yo voy a rifar mí lealtad al Papa Francisco por una reunión con un millonario», dijo. Cómo deja en claro, sonriendo, la lealtad de Grabois no es al pueblo sino al malogrado Bergoglio. Esto es, en criollo, a una fracción de la Iglesia.
La Iglesia católica tiene una relación ambivalente con estos sectores, de oposición formal y diálogo. Y ahí están personas como Grabois. Thiel ha criticado al Papa por buscar trabar el desarrollo de la IA. El Papa pide una regulación internacional de la misma. En ese universo de debates, Grabois es un personaje menor, pero eso no quita su alineación y posiciones ideologicas.
En tiempos donde la agenda política se vuelca a la derecha, el social cristianismo (progresista, aunque antiabortista, en contextos de desarrollo humanitario) se vuelve retrógrado y conservador en contextos de reflujo.
Y ahí va Juancito, a reunirse con tecno-fascistas para «entender», y explicando el asunto dos meses más tarde (pobre Juan, necesitó el sabático) buscando el olor a podrido se haya difuminado en el medio.
Hablándonos con la subestimación cual si fuéramos criaturas y continuando su retórica milenarista del bien y el mal que tanto gusta en el océano de la política contemporánea.
AUTOR: DAMIÁN RIPETTA.- De su facebook.-
