EL ALFAJOR DEJÓ DE SER UNA GOLOSINA.

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Hay para todos los gustos. Rellenos con dulce de leche, frutas o mousse. Bañados en chocolate o glaseados. Simples, triples, extragrandes… Las más de 100 variedades de alfajores que existen en el mercado ocupan una porción cada vez más importante de los exhibidores de los kioscos y son el producto que mejor resiste la crisis económica, manteniéndose como el artículo más vendido, según relatan fuentes del sector. Sin embargo, este fenómeno de ventas y nuevos lanzamientos tiene una contracara de sabor amargo: por la crisis y los salarios ajustados, cada vez más trabajadores se saltean comidas y tratan de llenar ese vacío en la panza con la golosina más argentina del mundo.

“El alfajor dejó de ser una golosina tradicional para ser un alimento. Se utiliza en un desayuno, en una merienda, en un almuerzo, como un postre”, apunta a Página|12 Claudio Messina, director de marketing y comercial en Fantoche, una marca local con más de 60 años de trayectoria que se posiciona entre las más elegidas por su relación precio-calidad.

A pesar de la caída generalizada del consumo, los alfajores se defienden. Según estimaciones del sector, los argentinos consumen un promedio de 12 millones de unidades por día. Así, los más económicos crecen en ventas y son el producto estrella de los kioscos. Claro que no ocurre lo mismo con los del segmento premium, que se hunden en los rankings de ventas fundamentalmente por su valor, explica Ernesto Acuña, vicepresidente de la Unión Kiosqueros República Argentina (UKRA), en diálogo con este medio.

En un contexto de sueldos pisados, donde un sándwich al paso puede rondar los $8.000, un alfajor con una gaseosa recorta ese gasto a la mitad. Por eso, esta golosina rellena “reemplaza en muchos casos un almuerzo al mediodía”, afirma Messina. “Los bolsillos de los consumidores están cada vez más flacos y se van adaptando en la medida de las posibilidades y las necesidades de cada uno”, completa.

El estudio de la UCA -basado en 1.171 casos con representatividad nacional- analizó en qué condiciones se alimentan los asalariados argentinos y qué estrategias adoptan ante la pérdida de poder adquisitivo, entre otras variables.

Así establecieron que el 61,1% de los encuestados saltean comidas por motivos económicos. Pero eso no es todo. El 78,5% tienen que consumir alimentos menos nutritivos. Estas dos privaciones se combinan en más de la mitad de los trabajadores (56,2%). “Los más afectados son trabajadores de menores ingresos, no calificados y de empresas pequeñas, donde la vulnerabilidad alimentaria se intensifica”, indican desde la UCA.

En situaciones de crisis, la gente no come, saltea comidas. Lo escuchamos a diario en el consultorio. La gente disminuyó la cantidad de comidas porque no le alcanza la plata para realizar todas las comidas”, apunta a este medio la Licenciada en Nutrición Nancy Cepeda (MP 353).

Las cuatro comidas diarias que se recomiendan desde la nutrición para tener una alimentación adecuada deberían incluir una cantidad armónica y suficiente de nutrientes. “No importa solo la cantidad, sino que es muy importante también la calidad de los nutrientes que consumimos”, completa la profesional de la salud.


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