¿CUÁNTO TIEMPO PUEDE TRABAJAR SIN AYUDA LA IA?

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Hay una forma de medir el avance de la inteligencia artificial que por ahora no destaca en los titulares. No es cuántas preguntas responde bien ni cuántos idiomas habla. Es cuánto tiempo puede trabajar sola, sin que nadie la ayude.

En 2022, los mejores sistemas podían completar tareas que a una persona le llevaban 30 segundos. En 2023 subió a 4 minutos. En 2024, a 40 minutos. En 2025, a 6 horas. Hoy, los modelos más recientes sostienen 12 horas de trabajo autónomo sin interrupción.

La pregunta es evidente: ¿cuándo para? La respuesta se mueve en el terreno de la futurología, aunque algunas voces del sector se animan a responderla.

Jack Clark es cofundador de Anthropic, la empresa que desarrolló la tecnología de Claude. La semana pasada publicó un análisis que circuló con fuerza entre investigadores y ejecutivos del área.

Su tesis es directa. Antes de que termine 2028, con una probabilidad superior al 60 por ciento, existirá un sistema de inteligencia artificial capaz de entrenar de forma autónoma a su propio sucesor, sin intervención humana relevante.

“Es una opinión que no me gusta dar”, escribió. “Las implicaciones son tan enormes que me siento abrumado por ellas.”

Los números que sostienen ese pronóstico son difíciles de ignorar. En 2023, el mejor modelo de Anthropic resolvía el 2 por ciento de los problemas de ingeniería de software que se le ponían a prueba. En 2026, la cifra llega al 93,9 por ciento. No es una mejora. Es un salto en la escala.

Una investigadora de METR, la organización que mide la autonomía de los sistemas de IA, calcula que antes de fin de año algunos modelos podrían hacer de forma autónoma tareas que a un experto humano le llevarían 100 horas.

Se especula que, si eso pasa, una parte enorme de la investigación en inteligencia artificial quedaría al alcance de los propios modelos. Sam Altman, el director ejecutivo de OpenAI, dijo que apuesta a tener un asistente automatizado de investigación antes de septiembre.

Este ritmo de avances genera un problema de relato cada vez más marcado para Estados Unidos.

Durante años el argumento fue simple. El mercado sabe, el Estado sobra. Trump lo dijo el año pasado con todas las letras: “Tenemos que hacer crecer a ese bebé y dejar que prospere. No podemos detenerlo con normas tontas”.

Pero la semana pasada trascendió que la Casa Blanca debate crear un mecanismo formal de revisión de los nuevos modelos antes de que salgan al mercado. Es decir, regulación. Exactamente lo que Trump dijo que no haría.

Uno de los detonantes fue Mythos, el último modelo de Anthropic. El principal miedo es el impacto en materia de ciberseguridad que podrían generar los desarrollos de frontera en inteligencia artificial.

Las contradicciones no son únicamente del gobierno norteamericano sino de sus principales empresarios vinculados a la inteligencia artificial.

Siempre aseguraron que apostaban a estas tecnologías con fines altruistas, para ayudar al futuro de la humanidad. Sin embargo, ahora se encuentran colaborando de forma directa o indirecta con el Pentagano y la guerra.

Los grandes laboratorios de IA decidieron sumarse al negocio armamentístico compartiendo sus modelos con el departamento de Defensa norteamericano. Desde OpenAI hasta Google. E incluso Anthropic indirectamente rechazó un acuerdo con el Petágono pero por el costado negoció miles de millones de dólares de nuevas inversiones de Alphabet y cerró recientemente un trato con Musk.


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