¿A QUÉ VINO PETER THIEL A ARGENTINA?

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Peter Thiel es una de las figuras más influyentes e iconoclasta de Silicon Valley. Un ideólogo del fascismo neoliberal que expresan los nuevos tecno-profetas. Aterrizó con bajo perfil esta semana en Buenos Aires. Según fuentes oficiales, el controversial empresario mantuvo reuniones con funcionarios del gobierno y otras secretas con empresarios y servicios de inteligencia. “Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles” dijo Thiel en un famoso ensayo de 2009. Pensamiento que ahora profundiza expresando que la democracia como se la conoce es un sistema perimido y que ahora se impone la tecnocracia.

Hace una semana que Peter Thiel se encuentra en el país. Mantuvo reuniones de alto nivel en la Casa Rosada y la Cancillería. En la sede de gobierno habría compartido un almuerzo con Santiago Caputo, quien conserva el control de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE). No puede descartarse que Palantir Technologies esté prestando servicios de rastreo, proyección y análisis de datos al organismo.

La afinidad entre Thiel y Milei excede lo circunstancial. Ambos promueven una concepción extrema de la soberanía individual, en tensión con cualquier forma de organización institucional o estatal.

Thiel es el cofundador de PayPal, primera empresa global en el mercado de billeteras virtuales, y líder de un grupo de ex-empleados (incluyendo a Elon Musk y Reid Hoffman, cofundador de Linkedin) que pasaron a crear o financiar casi todas las empresas tecnológicas gigantes de la actualidad.

Auspiciado por la CIA, se creó en Estados Unidos después del ataque a las Torres Gemelas la firma de big data Palantir Technologies, de la cual Thiel es cofundador. Su misión: gestionar datos y producir información al servicio de las agencias de defensa e inteligencia de Estados Unidos.

También se lo conoce como el primer inversor externo de Facebook, con un aporte que fue crucial para el despegue de la plataforma.. Esta alianza lo sitúa en el vértice donde el software se funde con el espionaje y la seguridad nacional.

“Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles”, resumió Thiel en una famosa frase publicada en un ensayo en 2009. “Estamos en una carrera mortal entre la política y la tecnología”, expresó en ese mismo ensayo.

Para Thiel, la política es un sistema agotado que se basa en la coacción y en pelear por recursos que ya existen (suma cero). La tecnología, en cambio, es la única fuerza capaz de crear nuevos recursos y, lo más importante, de permitir que los individuos escapen del control estatal.

Thiel sostiene en su libro Zero to One que la competencia es destructiva para el valor, ya que, al competir, los márgenes desaparecen porque se pelea por un precio o pequeñas mejoras. Su tesis es que el verdadero progreso ocurre cuando una empresa crea algo totalmente nuevo (pasa de 0 a 1), y que los grandes saltos los dan los monopolios tecnológicos, así que el objetivo de todo gran emprendedor debe ser construir un monopolio. Para él, la competencia es para los que no tienen ideas originales.

En Estados Unidos, Peter Thiel fue uno de los principales impulsores —políticos y financieros— del ascenso de J.D. Vance, actual vicepresidente de Donald Trump. Aportó millones de dólares a su campaña al Senado en 2022 y luego respaldó su proyección a candidato a vicepresidente en 2024. Hoy, Vance se perfila como una de las figuras mejor posicionadas para disputar la presidencia dentro de ese espacio.

El manifiesto Palantir

Este fin de semana la empresa vinculada a la ciber inteligencia volvió a ser noticia porque publicaron en X un manifiesto de lo que entienden como la “República Tecnológica”, en paralelo a las repúblicas actuales, democráticas. Allí reafirman su compromiso: “Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que hizo posible su ascenso. La élite ingenieril de Silicon Valley tiene una obligación afirmativa de participar en la defensa de la nación”.

“La capacidad de las sociedades libres y democráticas para prevalecer requiere algo más que un atractivo moral. Requiere poder duro, y el poder duro en este siglo se construirá sobre software”. Dice más adelante: “La pregunta no es si se construirán armas de I.A.; es quién las construirá y con qué propósito”.

“Ningún otro país en la historia del mundo ha avanzado valores progresistas más que este. Estados Unidos está lejos de ser perfecto. Pero es fácil olvidar cuánto más oportunidad existe en este país para aquellos que no son élites hereditarias que en cualquier otra nación del planeta”, sostienen.

Para concluir: “Debemos resistir la tentación superficial de un pluralismo vacío y hueco. Nosotros, en América y más ampliamente en Occidente, hemos resistido durante el medio siglo pasado definir culturas nacionales en nombre de la inclusividad. Pero ¿inclusión en qué?”.


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