El muy modesto Estudiantes de Río Cuarto, que muy posiblemente tendrá un paso efímero por la Primera División en este torneo ganó un partido, empató otro y perdió nueve. Y de esos nueve el que le debe haber dejado la sensación más amarga fue este contra River Plate, porque el 2-0 no tiene nada que ver con lo ocurrido en el campo de juego.
River tuvo un rendimiento muy irregular, con algunos pasajes de dominio abrumador en el arranque del segundo tiempo, y con un rato largo de puro sufrimiento en la segunda, cuando el rival le vio las hilachas defensivas y lo metió contra el arco de Beltrán, y estuvo cerca del empate.
Se cronometraron más de diez minutos en blanco entre penales que fueron o no, y un gol que en definitiva se anuló. Sobre el final de la primera etapa, Arasa cobró como penal para River: una mano (las repeticiones mostraron que había sido claramente afuera) y el VAR le mostró el error.
En el primer cuarto de hora del segundo tiempo los cordobeses llegaron a la red a través de González, y Arasa en primera instancia dio el gol, pero en los monitores a distancia descubrieron posición adelantada del autor del mismo en el inicio de la jugada. Se necesitaron muchísimas repeticiones para llegar a esa conclusión. Si hubieran determinado que Martínez Quarta había habilitado con un rechazo al autor del gol, nadie se habría sentido sorprendido.
Y la otra acción polémica, la que fue clave en el resultado, se dio cuando Cobo fue a pelear con Driussi una pelota que se iba afuera, sobre un costado en la línea final, en una jugada que no entrañaba ningún peligro, y el VAR lo llamó a Arasa para que cobrara penal. Uno de esos que sin la existencia de microscópicas miradas jamás se habría cobrado. El penal lo pateó Montiel al medio del arco. Gol. Uno a cero.
Antes del falso gol de González, Estudiantes de Río Cuarto ni se había acercado a Beltrán. Apenas un par de centros que cruzaron el área habían sido su único aporta ofensivo al espectáculo, mientras River embestía una y otra vez, y Montiel y Acuña se cansaban de tirar centros, algunos muy buenos.
Después del gol de Montiel, los locales, ya jugados, entraron en escena, se juntaron bien en el medio, y embotellaron tanto a River que Coudet tomó la medida preventiva de ponerlo a Paulo Díaz, y armar una línea de cinco.
River se sostenía con alfileres, a veces reventando la pelota, hasta que en una contra cuando el partido se iba de largo la jerarquía de Juanfer Quintero para meter la pelota en profundidad le permitió a Salas marcar el segundo gol.
