DOCUMENTO DE LOS OBISPOS: «NO SE EVOLUCIONA SIN UNA MEMORIA ÍNTEGRA Y LUMINOSA».

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Los obispos católicos argentinos emitieron un documento de fuerte contenido político con motivo de los 50 años de la dictadura militar. El texto, que fue elaborado por los casi cuarenta obispos que integran la Comisión Permanente reunida la semana anterior en Buenos Aires, lleva por título “Nunca más a la violencia de la dictadura y siempre más a una democracia justa”, lleva la marca de las orientaciones del fallecido papa Francisco y contiene afirmaciones que, de manera indubitable, hacen referencia a la realidad argentina actual aunque no incluyan señalamientos explícitos ni a los actores ni a circunstancias particulares del momento que atraviesa el país.

El golpe militar del 24 de marzo de 1976 es calificado por los obispos como “el inicio de esa oscura noche en nuestra historia: la tragedia del terrorismo de Estado que se prolongó por siete largos años” hasta que finalmente se recuperó la democracia. Cincuenta años después de la ruptura democrática la jerarquía eclesiástica que hoy preside el arzobispo mendocino Marcelo Colombo secundado por el cardenal cordobés Ángel Rossi, afirma que “la memoria exige una autocrítica, de la sociedad y la Iglesia y presente en ella, que ayude a redescubrir y reconstruir el sentido de la fraternidad entre los argentinos”.

Anticipándose a lo que será seguramente una innumerable cantidad de declaraciones con motivo del cincuenta aniversario del golpe militar, la conducción de la Iglesia Católica propone a la sociedad –en particular a la política y a su dirigencia— un texto analítico de claro tono “francisquista” que utiliza la oportunidad que genera la memoria del “inicio de la noche oscura” –como ellos mismos la denominan– para proponer una agenda de temas para el debate de la Argentina de hoy.

Los obispos citan palabras del papa Bergoglio en la encíclica Fratelli Tutti para descartar la tentación de “dar vuelta la página” porque –dicen parafraseando a Francisco—que “nunca se avanza sin memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa”. Porque, dicen los obispos siguiendo al pontífice fallecido, “necesitamos mantener viva la llama de la conciencia colectiva, testificando a las generaciones venideras el horror de lo que sucedió que despierta y preserva de esta manera el recuerdo de las víctimas para que la conciencia humana ser fortalezca cada vez más contra todo deseo de dominación y destrucción”.

Subraya la jerarquía eclesiástica en su documento que “mutilar la historia abre la puerta a la posibilidad de repetir los mismos errores”; en cambio, “hacer memoria nos permite comprometernos con los desafíos del presente y orientarnos hacia un futuro mejor”. En consecuencia, los obispos piden no olvidar “el dolor de los familiares que enfrentan la muerte violenta de un hijo o de un pariente, sabiendo que el dolor se multiplica si se trata de un ‘desaparecido’, al no poder tocar su cuerpo, ni llorar ante él”. Y agregan sobre el particular que “la libertad para una Nación no se construye por la vía de la violencia y la violación de los derechos humanos”, sabiendo al mismo tiempo que “la memoria del terrorismo de Estado ha de conducirnos hacia una vida democrática más justa”.

el documento episcopal sostiene que “cuando las instituciones democráticas favorecen la creación de trabajo digno para los adultos y aseguran una educación de calidad para niñas, niños, adolescentes y jóvenes, están llevando adelante, en definitiva, la mejor política de seguridad”. Vale recordar que la Conferencia Episcopal se pronunció drásticamente –sin ser escuchada– en contra de la iniciativa legislativa que terminó bajando la edad de punibilidad de los niños acusados de delitos violentos.

La caracterización que hace la conducción de la Iglesia Católica es que “vivimos una época con una tendencia creciente de autoritarismo, un tiempo en que los populismos de distinto signo explotan la angustia de los ciudadanos” en el que “va predominando una ideología de la supervivencia del más fuerte sobre el más débil”. Y frente a eso –se afirma— “es necesario rehabilitar una política que ponga la economía al servicio de la dignidad humana, que promueva la paz y cuide nuestra casa común, empezando por preservar el aire puro y las fuentes de agua dulce y potable”. Una importante toma de posición que se da en medio del debate por la reforma a la ley de protección de glaciares, y que reafirma la decida oposición de la Iglesia a la iniciativa.

En su parte final el documento del episcopado católico pide “volver a elegir el diálogo para abordar los conflictos y los desacuerdos, sin caer en polarizaciones estériles” y exclama “¡Del insulto de cada día al que piensa distinto, líbranos, Señor!”. Solicitan los obispos católicos “renunciar a todo tipo de violencia, sabiendo que su espiral comienza con el discurso y escala hacia la acción”. Agregando además que “no podemos naturalizar la violencia en las redes sociales, en nuestros barrios, en el Congreso de la Nación”.


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