YO VI A QUEEN EN ESCENA.

kuininaryentinia

Yo estuve en el estadio de Arroyito, el del Canalla, el de Rosario Central, en marzo de 1981, oyendo y disfrutando de la música del cuarteto británico Queen. Imagínense,  hoy un pasaje de colectivo, micro u ómnibus cuesta, ida y vuelta, ciento veinte mil pesos. Impagable ahora para mi y también para un prefecturiano con hijo a cargo. Mi padre, en 1981 retirado ya de la Prefectura, pagó el viaje completo y las comidas en Rosario. En aquel momento yo tenía 17 años y fue Gerardo «Pajarito» Bouchet (ahora en Córdoba) quien me hizo escuchar el long play de vinilo (guglealo si no sabés qué es) titulado «The game» (El juego). Un disco con unos temazos increíbles. Ahí está, incluso, «The dragon attack» (El ataque del dragón) que «toma prestado» unos redobles muy pero muy murgueros.

En aquel viaje, salimos en plena madrugada en el «Ciudad de Paraná», mi viejo no quería saber nada de una banda de rock inglesa pero sí quería conocer Rosario. La primera noche fuimos a comer a un lugar cerca de la terminal de Rosario. Al lado nuestro, como si la Dictadura no existiese, un hombre de unos 25 años, pelo largo y barba negros, intentaba comer pero apareció la Policía Militar y se lo llevó. Los demás seguimos en lo nuestro. Yo miré impactado pero vi a mi padre concentrado en la lista del menú. Los demás comensales hicieron caso omiso. No sé qué habrá pasado con aquella persona. Después, mi viejo pagó y salimos de aquel lugar. Al llegar al sucucho que había alquilado por una noche, nos dimos cuenta que ¡me había olvidado la entrada al recital en el lugar donde habíamos comido! Salimos volando hacia el lugar. El mozo me entregó la entrada que había guardado, me sonrió y me dijo que no le gustaba mucho Queen, que prefería Earth, Wind and Fire. Por razones que no pude saber nunca, el recital de Queen se postergó un día, o sea que mi viejo tuvo que volver a poner plata para quedarnos. Ya estábamos ahí, ¿nos íbamos a volver?

No estuve en primera fila, en el campo de juego del Gigante de Arroyito pero ¡¿qué importaba?! Vi a Brian May pasearse por todo el escenario inundándonos de música a puro riff. El bajo del Señor Bajo Perfil se impuso y la batería todavía parece resonar en mi cabeza. Freddy Mercury, de quien no sabía su verdadero nombre, hizo lo que hacía siempre: transportarnos a otra dimensión. No vi a las fuerzas del (des) orden cachear ni pegarle a nadie, como sí había visto en un show de Riff (de Pappo y Peyronel) un año antes. Se notaba que era un show internacional post Mundial 78.

Por todo esto que usted, amiga o amigo lector, lectora, leyó más arriba es que, cuando encontré este artículo en el Página, no pude evitar ponerme nostálgico. Me reencontré con aquel adolescente de 17 años que, obviamente, ya nunca seré.

CARLOS pato SUAREZ.-

Entre Diego y Viola: a 45 años de Queen en Argentina.

Freddy Mercury con la remera de la selección argentina y Diego Maradona con la de la bandera británica quedaron registrados sonriendo para siempre en una foto de la que se cumplieron 45 años. La guerra de Malvinas todavía no estaba en la agenda bélica de nadie y Queen llegaba a Argentina para un tour memorable por los estadios de Vélez, Rosario Central y Mar del Plata que, además, sirvió para introducir a Sudamérica como nueva ruta del rock mundial, hasta entonces acostumbrado al eje anglosajón y Japón. El genocida Jorge Rafael Videla transitaba sus últimos días como presidente de facto antes de ser reemplazado por Roberto Viola.

Maradona fue invitado especialmente por los músicos británicos porque lo habían visto un año antes en Wembley, cuando Inglaterra le ganó 3 a 1 a Argentina, aunque el resultado fue secundario ante al brillo del Pelusa de Fiorito en la noche de Londres. Entre las bambalinas de Vélez, Diego y los cuatro músicos de Queen intercambiaron palabras con la mediación de un intérprete. Luego, ya en el show, el cantante invitó al Diez al escenario para despertar una ovación antes de hacer “Another One Bites the Dust”.

Queen venía girando por el mundo desde el 30 de junio de 1980 para The Game, su octavo disco. Y, después de cinco shows a principios del 81 en el célebre Nippon Budokan de Tokio, la banda tomó el vuelo más largo de toda su carrera para llegar a un destino infrecuente en la agenda de las megabandas del rock mainstream: Argentina.

Era la primera escala de un inédito tour por América Latina. Aunque la región —asolada en gran parte por gobiernos de facto e inconstitucionales— terminó siendo hostil con el grupo inglés: mientras estaban en Argentina, los músicos se iban enterando que les cancelaban un show en Río de Janeiro, otro en Porto Alegre, luego los programados para Santiago de Chile, más tarde algunos en Caracas e incluso seis en México. Encima, los discos de Queen editados en Argentina bajo dictadura habían sufrido distintos tipos de censuras: en la edición local de News of the World, de 1977, debió eliminarse la canción “Get Down, Make Love”, mientras que en tiempos de Jazz, año 78, se retiraron unos fotogramas del video de “Bicycle Race” donde aparecían mujeres pedaleando desnudas.

En ese contexto, los miembros de Queen recibieron al principio de su estadía argentina una invitación del general Viola: el inminente presidente de facto los citó en su departamento. Asistieron Freddie Mercury, Brian May, John Deacon y allegados de la banda. Roger Taylor, en cambio, fue el único ausente. Algunos sostienen que el baterista faltó en protesta a esa dictadura. Otros, en cambio, creen que simplemente lo hizo porque estaba cansado. Como sea, en el encuentro no se habló de nada importante. Pero Viola consiguió lo que buscaba: una foto. La única que un dictador argentino logró con un artista de rock.

La gira comenzó el sábado 28 de febrero, último día de aquel mes, en el estadio de Vélez Sarsfield. No había hasta ese entonces demasiados antecedentes de artistas de semejante talante en suelo argentino: tan solo Carlos Santana en 1973, Joe Cocker en 1977 y The Police apenas dos meses atrás, a fines de 1980. Solo Santana lo había hecho en una cancha de fútbol (el Viejo Gasómetro de San Lorenzo sobre avenida La Plata). Aunque Queen introdujo una novedad: exigió por contrato que hubiera público no solo en las tribunas, sino también dentro del campo de juego, hasta entonces inutilizado para esos fines. En consecuencia, el grupo trajo kilómetros de rollos con césped artificial en el avión.

Aquel show inicial en Vélez incluyó hits eternos como “Bohemian Rhapsody” y “Love of My Life”, a la vez que ofreció una ristra de recursos visuales nunca vistos por estas pampas. Baterías de luces, un sistema de sonido potente, humos y artificios dejaron boquiabiertos a quienes lo vieron en la cancha o bien a través de la transmisión que hizo Canal 9. Aunque la organización no fue la ideal: los sesenta mil espectadores desbordaron a los policías, quienes tajearon alambrados de las tribunas para que el amontonamiento en las plateas drenara hacia el campo. Queen repitió el mismo aforo la noche siguiente, la del domingo 1º de marzo, sin que el entorno mejorara demasiado.

El caos también se trasladó a Mar del Plata en la tercera escala de la gira, el miércoles 4 de marzo, donde la policía montada avanzó contra todo atisbo de muchedumbre. Alojado en la habitación principal del Hotel Provincial, Mercury optó por recluirse en su suite y no asomar la nariz, salvo cuando debió salir hacia el Estadio Mundialista. Dos días después corren similar fortuna en el estadio de Rosario Central, penúltimo compromiso argentino antes del cierre en Vélez donde se producirá el encuentro con Diego Maradona. En un clima opresivo, la banda sacó adelante una faena artística de calidad en construcciones creadas o remodeladas por la dictadura para el Mundial anfitrionado dos años y medio atrás.

Las coberturas periodísticas argentinas se interesaban en frivolidades de los ilustres visitantes. Contaban, por ejemplo, que Freddie Mercury conoció el Jardín Japonés y paseó por el barrio de San Telmo. También que Brian May recorrió el Italpark. Y que John Deacon fue al zoológico porteño. Además, agregaban que los cuatro comieron un asado en la quinta del presidente de Vélez en Parque Leloir. Como dato de color, otro cronista aportó que el peluquero Miguel Romano le hizo a Mercury un corte que —efectivamente, y a la luz de las evidencias— marcaría su estética durante esa década.

En cambio, el corresponsal que la revista estadounidense Rolling Stone había enviado especialmente para cubrir la gira de Queen en Sudamérica parecía intrigado por otras cosas. “En la Argentina los militares y el terror reinan supremos. Según Amnistía Internacional, alrededor de quince mil personas han «desaparecido» (N: comillas en el texto original) desde 1976, cuando Isabel —segunda mujer y sucesora de Juan Perón— fue derrocada por un golpe de Estado”, decía uno de sus artículos.

Y si bien el cronista apela a lo que años más tarde sería conocida como la teoría de los dos demonios (“se ha desatado una guerra de guerrillas entre la dictadura y los grupos opositores, en su mayoría peronistas”), luego aseguraba que “los ciudadanos han sido arrancados de las calles o de sus casas, llevados a centros clandestinos de detención y torturados sistemáticamente”. Como experiencia vivencial de todo ello, el periodista estadounidense narra el padecimiento de un reportero gráfico que estaba fotografiando a policías del operativo de uno de los shows en Vélez: “Fue empujado contra un Falcon oficial y amenazado a punta de cuchillo con cortarle el dedo hasta que entregara el negativo”.

AUTOR: Juan Ignacio Provéndola.


Warning: count(): Parameter must be an array or an object that implements Countable in /home/u227029675/domains/federacionaldia.com.ar/public_html/wp-includes/class-wp-comment-query.php on line 405