Medio siglo tuvo que pasar para que a las potencias mundiales volviera a interesarles conquistar el espacio con viajes tripulados. Estados Unidos quiere recuperar el centro de la escena geopolítica y nada mejor que retomar las travesías a la Luna. A partir del 8 de febrero, los cuatro astronautas seleccionados podrán quedar en la historia como protagonistas de la misión Artemis II.
Finalmente, como todo el mundo aguardaba, el envío de naves no tripuladas y vehículos de exploración abrió paso a una nueva era de viajes con personas a bordo. Desde hace más de medio siglo a la fecha, la llegada de las misiones robóticas de Estados Unidos, Rusia, China, India y Japón no se compara con la algarabía que puede despertar el viaje de astronautas.
La foto característica de los cuatro protagonistas posando con sus trajes; la cuarentena que realizan con celo para separarse del resto de la población y así evitar posibles enfermedades que retrasen el cronograma; el cohete ya instalado en la plataforma 39B del Centro Espacial Kennedy (Florida); y una cuenta regresiva que se activará en cualquier momento. Todo está en su lugar y las ansiedades crecen a medida que se acerca el día escogido: 8 de febrero. El objetivo es aprovechar la ventana de lanzamiento que se abre esa jornada; sin embargo, si las condiciones no están dadas para garantizar el éxito, también se prevén fechas para marzo y abril.
Durante el viaje, la nave Orión sobrevolará la Luna, emprenderá el regreso al cabo de diez días y terminará en el Océano Pacífico. Los tripulantes no alunizarán en esta ocasión; el propósito, en cambio, será validar que aspectos centrales del vuelo (sistemas de navegación, exposición a la radiación y canales de comunicación) funcionen como es debido, para asegurar que en 2027, a partir de Artemis III, los humanos vuelvan a sentir el suelo lunar debajo de suspies.
La Luna, esa reliquia bellísima que aparece ante la humanidad colgada del cielo, tiene 4.500 millones de años. Ha custodiado el crecimiento y la caída de civilizaciones enteras y fue testigo de todas las transformaciones de la Tierra. En cambio, a la ciencia le quedan muchas incógnitas por develar de su vecina más querida.
Objetivos de la misión y antecedentes
La misión servirá para la realización de investigaciones científicas: analizar, por ejemplo, una serie de variables de interés, como el sueño, el estrés, la cognición y las respuestas del sistema inmunitario de los viajeros. Al colocarse a una distancia cercana a la Luna, seguirán protocolos para tomar fotos y recoger audio. Esta primera escapada será útil como una valiosa experiencia para lo que seguirá en lo que resta del siglo.
Artemis II tiene como antecedente a Artemis I, un viaje no tripulado realizado en 2022, que funcionó como primera etapa del programa. En aquella ocasión, los equipos reportaron fallas técnicas que terminaron retrasando los tiempos del despegue. Fugas de hidrógeno y complicaciones en la refrigeración de los motores del cohete habían encendido la alerta de los controles de seguridad y, a pesar del éxito al final, la aventura se pospuso en varias ocasiones.
Pero ahora todo es diferente: la ecuación cambia porque a bordo van personas y la experiencia se torna mucho más compleja y sensible. Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch (los tres de la NASA) y Jeremy Hansen (de la Agencia Espacial Canadiense) fueron los elegidos para este vuelo que marca un punto de inflexión. El último viaje con astronautas se llevó adelante en 1972 y esta vez, los seleccionados son una muestra de que las agencias espaciales abandonaron los prejuicios. Dentro de la selección de expertos de primer nivel, se halla un negro y una mujer. El primer paso para revertir una invisibilización histórica, como si los avances científicos y tecnológicos solo fueran posibles si los realizan hombres blancos. El segundo paso, tal vez sea, algún día, incluir latinoamericanos entre los tripulantes.
El cohete SLS (Sistema de Lanzamiento Espacial) ya está en posición y los chequeos de rigor avanzan a paso veloz. Pruebas milimétricas de todos los sistemas, examen del funcionamiento de las comunicaciones y verificaciones de seguridad se realizan por estas horas para ultimar detalles y no tener ninguna sorpresa que termine por convertir la hazaña en una decepción.
Los amagos se terminaron: no contento con convertirse en el árbitro de los conflictos internacionales en la Tierra, Estados Unidos quiere conquistar el satélite natural definitivamente. La disputa geopolítica con China también se produce a nivel cósmico, en la medida en que el gigante asiático tiene sus planes de cara a los próximos años.
Entre otros aspectos, se recalienta la carrera espacial porque la humanidad agota los recursos de la Tierra y las grandes potencias necesitan nuevas vías de explotación para alimentar la voracidad y los requerimientos de un sistema capitalista siempre insatisfecho.
Hace cinco años, China envió la sonda Chang’e 5 a la superficie lunar, con el propósito de extraer muestras. Según pudo confirmarse, científicos de la Academia Nacional de Ciencias China (CAS) hallaron una reserva de agua que, en apariencia, contiene 270 mil millones de toneladas de H2O en forma de hielo. Según difundieron mediante una publicación en la revista Nature Geoscience, para ser utilizada, antes deberían extraer los cristales del suelo lunar, calentarlos a 100°C y capturar el vapor resultante. Aunque sería muy costoso, no sería imposible.
