DEL FIN DE LA HISTORIA A LA OBSOLESCENCIA PROGRAMADA.

alvarenga

En 1992, Francis Fukuyama anunció «el fin de la historia» en un artículo que tuvo un enorme impacto en el mundo entero. El argumento fundamental de Fukuyama era que el liberalismo, la democracia y el capitalismo habían triunfado, y que las guerras ideológicas que devastaron el siglo XX habían tocado a su fin. El fascismo, el nazismo y el comunismo estaban enterrados. El futuro pertenecía a la fe liberal-democrática de corte occidental. Un año y medio más tarde desapareció el Pacto de Varsovia, y el día de Navidad de 1991 la Unión Soviética dejaba de existir. Nunca antes de 1989 se había producido un triunfo de tal magnitud del orden liberal creado y sostenido por Estados Unidos y Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Con la excepción de un puñado de problemas relativamente menores, como los de la antigua Yugoslavia y la disputa palestino-israelí, los grandes problemas en la política mundial, creían, ya no iban a ser sobre las fronteras, la integridad territorial, las bases militares, la autodeterminación nacional o las esferas de influencia. Parecía lógico pensar que no había alternativa a los valores democráticos ni a la economía del libre mercado. No se puede culpar a las personas por tener esperanza. La famosa fórmula de Francis Fukuyama, la de que el fin de la Guerra Fría suponía «el fin de la historia», era una declaración sobre la ideología. La caída del muro de Berlín puso el broche simbólico a la Guerra Fría. La guerra del Golfo fue su culminación práctica. ¿Cómo se iba a transformar el mundo bipolar en un nuevo orden mundial? La primera consecuencia visible del final de la Guerra Fría fue el consenso internacional sobre la guerra del Golfo, lo que le dio una legitimidad extraordinaria. Con la historia finalizada, el foco pasó de la geopolítica a la economía del desarrollo y a la no proliferación. La mayor parte de las relaciones internacionales se centró en cuestiones como el cambio climático y el comercio. Después de la Guerra Fría, la economía global se convirtió en el zócalo del nuevo orden mundial. La integración económica, por naturaleza, supone mucha más cooperación que rivalidad. Sin embargo esto no fue así. El intento de integrar en el orden internacional de la posguerra fría a China y Rusia ha fallado porque ninguno de los dos países estaba interesado en integrarse en un orden mundial liberal forjado, liderado y sostenido por Estados Unidos. Los Gobiernos de estos dos países han sido capaces de resistirse al tipo de cambios que quería introducir Estados Unidos, y ambos guardan un resentimiento hacia los occidentales. La anexión de Crimea en 2014 por Rusia significó el punto final del orden internacional creado tras la Guerra Fría, y, junto con el auge y proyección del poder militar de China en la cuenca del Pacífico, y su impulso económico, así como el desafío de los programas nucleares de Irán y Corea del Norte, reflejan el regreso de la geopolítica, la restauración de la política de rivalidades y competitividad entre las grandes potencias. Otra de las ideas de Fukuyama, en el mismo ensayo sobre el fin de la historia, ha recibido injustamente mucha menos atención. Mientras Fukuyama investigaba cómo sería una sociedad pos-histórica, hizo un descubrimiento inquietante. En un mundo donde las grandes preguntas se han resuelto y la geopolítica se ha subordinado a la economía, la humanidad está compuesta por un tipo de ser humano de características poco compatibles con las democracias liberales: un hombre nihilista, consumidor y narcisista sin mayores aspiraciones más allá del próximo viaje al centro comercial y del consumo. En otras palabras, el hombre pos-histórico que describe Fukuyama se parece mucho a los políticos sin capacidad de liderar, que son suficientemente competentes para manejarse entre la gente sus ciudadanos, pero incapaces de entender los motivos y contrarrestar las estrategias de las políticas conservadoras y liberales del mercado, las personas pos-históricas no están dispuestas a hacer sacrificios, se concentran en el corto plazo, se distraen fácilmente y carecen sobretodo de ideales. Fukuyama se equivocó con la predicción del fin de la historia, pero en absoluto respecto a la definición del hombre pos-histórico. Aunque el fin de la historia no haya llegado, existe ya un hombre del siglo XXI, que es tanto él como sus circunstancias, definidas por la reducción de la política, la reducción del pensamiento, y el debate de pobres ideas dentro del puro entretenimiento en las redes sociales, donde millones de usuarios anónimos odian, se insultan y mienten sin ninguna responsabilidad individual, social o política.
No se puede tener conciencia de la vida en general, sin haber antes adquirido un conocimiento de sí mismo, o de las condiciones que pueden aquilatarla. La intensidad de apreciación estriba, pues, en la capacidad individual para gozarla equilibradamente. Los que enseñan a mirar la vida de frente, con su incalculable riqueza de situaciones diversas, no para destruir la sensibilidad y anular el sentimiento, sino para despertar mayores deseos y energías realizadoras individualmente, desechando el temor a las sorpresas o dificultades que, en realidad, deben servir de acicate para avanzar más, sin impedir la libertad de pensar y de obrar de cada uno. La vida individual no puede reducirse a una pauta, como si fuera un papel musical que limita las vibraciones y la amplitud de los acordes. Pero para lograr el mayor y más útil resultado en la conquista de la experiencia es preciso, siempre que valga la pena, comentarla, explicarla, analizarla y comunicarla a otro, para que a su vez aprenda, por las peripecias ocurridas en ella, a vivir más intensamente. De hecho esos valores se pierden con esta nueva generación de jóvenes adustos, sin empatía por la vida, obsesionados por las cosas banales y mundanas, como los artefactos con obsolescencia programada; de eso Fukuyama no se equivocó, solo se adelantó en algunas décadas lo predicho en la década de los noventa.

AUTOR: Ernesto Luis Álvarez (médico) – Extraído de su muro de facebook.-

About the Author

Carlos Suarez
Periodista egresado del ISET N° 18 "20 de Junio" de Rosario, S.F. en 1990. Participó del Primer Congreso Internacional de la Comunicación y el Periodismo en 1998. Colaboró con el programa LA OREJA de Radio Rivadavia conducido por Quique Pesoa en 1992. A partir del 1 de octubre de 2018 condujo VIVA LA MAÑANA por Radio Viva 104.9 de Federación, E.R. En este 2019/2020 administra y redacta en esta página Federación al Día. Prepara una radio para el 2020.-

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