SEGÚN EL COFUNDADOR DE NETFLIX LA TELEVISIÓN DEJARÁ DE EXISTIR EN DIEZ AÑOS.

Muy poco se sabe de su vida personal. Matemático de una pequeña universidad norteamericana, pasó una temporada en Suazilandia con el Cuerpo de Paz. Al regresar a Estados Unidos, empezó una carrera en Silicon Valley que hasta hoy no se detiene y que lo ha puesto entre una corta lista de visionarios de la Era de Internet. Su empresa, Netflix, de la que es fundador y CEO, ha revolucionado el entretenimiento: usó un método de películas a domicilio que acabó con grandes como Blockbuster y luego se convirtió en la compañía líder de video por demanda, incluso antes de que hubiera la suficiente velocidad en línea para que fuese una realidad. Asegura que antes del 2030 la televisión, como la conocemos, dejará de existir. Es Reed Hastings y el futuro del entretenimiento está en sus manos.

Reed Hastings afirma que la televisión, tal como la conocemos, desaparecerá antes del año 2030. Los canales que invierten sumas incalculables de dinero por tener un espacio y frecuencia en el aire y que giran en torno a una programación rígida, a horas determinadas, serán cosa del pasado. Según Hastings, cofundador y CEO de Netflix –compañía líder en producción y streaming en línea de películas y series–, el futuro es completamente digital, pues esta es la Era de Internet.

Que Hastings, de 59 años, haya hecho parte de la lista de candidatos a Persona del Año de la revista Time junto a los trabajadores de salud que atendieron casos de ébola; Narendra Modi, primer ministro de la India; Jeff Bezos, CEO de Amazon; el papa Francisco II; Malala Yousafzai, premio nobel de paz y otros personajes que han sido determinantes para la política, el entretenimiento y la tecnología en el 2014, deja claro que lo que este hombre trae entre manos debe tomarse en serio. No se trata solo de crear un nuevo modelo de negocio: lo que propone Netflix está detonando cambios mucho más profundos en la cultura, en la cotidianidad.

Pero esto, y el hecho de estar cotizado por más de mil millones de dólares por la revista Forbes, no es impedimento para que vaya en persona a México a dar una conferencia sobre el futuro de la televisión luego de pasearse cómodamente entre empleados y periodistas para charlar del clima de manera calmada mientras sonríe ligeramente, revisa en forma constante su teléfono móvil y se toma una o dos tazas de café negro. Su estilo –pelo entre castaño y canoso, peinado con algún producto que lo hace brillar, y ropa de un tono neutro– obedece en cierta medida a ese uniforme de otras leyendas de Silicon Valley, algo muy Steve Jobs, que no revela mucho de su carácter. Que se le iluminen los ojos cuando repite incesantemente que Netflix ya tiene más de 53 millones de usuarios alrededor del mundo, dice todo de él.

También dice mucho que Hastings se haya encargado de fabricar una leyenda alrededor del momento de epifanía que dio origen a Netflix. Sin embargo, varias entrevistas a Marc Randolph –co creador de la compañía y antiguo compañero de trabajo de Hastings– y el libro Netflixed (Penguin, 2013), de la periodista Gina Keating, dejan en claro que el mito es solo eso, y que la idea les significó horas de trabajo y no un momento de “¡Eureka!”.

Sea como fuere, luego de ser concebida en 1997, Netflix se convirtió en la empresa líder en su negocio. ¿El modelo? Alquiler de películas en DVD en línea y a domicilio. Por una cuota mensual, cada suscriptor podía disfrutar de un número ilimitado de películas, sin moverse de su casa: por cada película vista y devuelta por correo corriente, una película nueva en el buzón. La empresa, que empezó con 30 empleados, contaba para el 2006 con 5 millones de suscriptores, 40 bodegas en Estados Unidos y más de 26 millones de DVD; unos 65.000 títulos, que estrictamente no incluyen pornografía. Para ese entonces, Netflix movía 1,5 millones de discos al día por todo el país: cada mañana las bodegas recibían unos 100.000 discos que se chequeaban manualmente, para asegurarse de que estuvieran en perfectas condiciones. “Pasamos mucho tiempo lamiendo sobres”, dice Hastings en broma.

La historia de Hastings es similar a la de otros empresarios del mundo de la web: vendió su primera compañía, Pure Software, por 750 millones de dólares cuando empezó a crecer y dejó de significar un reto creativo para convertirse en un problema gerencial. De esa época habla todavía con asombro: “Estaba muy emocionado con el proyecto. La idea de inventar algo útil me parecía apasionante, pero no tenía ni idea de cómo funcionaban los negocios, nunca tomé clases, ni siquiera sabía usar Excel. Aprendí en el camino”.

Nacido en Boston, hijo de un abogado del Departamento de Salud, Educación y Bienestar Social de la administración Nixon, estudió matemáticas en Bodowin College (Maine), se graduó con intenciones de enrolarse en los Marines, pero se dio cuenta de que el sistema no era para él –cuestionaba demasiado cada detalle del día a día, desde cómo empacaban los morrales hasta cómo tendían la cama, dijo para un artículo de The New York Times de 2006–, entonces decidió viajar a Suazilandia, en África, con el Cuerpo de Paz a enseñar matemáticas a nivel escolar, y allí estuvo de 1983 a 1985. Al regresar se matriculó en una maestría en Ciencias de la Computación en Stanford, de donde se graduó en 1988. De ahí salió a trabajar en Symbolics, la primera compañía en registrar un dominio punto com, y otras empresas independientes de software. Y luego Pure Software, la venta y los 2,5 millones de dólares del bolsillo de Hastings para el sueño de Netflix.

Diecisiete años después, cuando los reproductores de DVD ingresan a la lista de especies en vías de extinción y el consumo de entretenimiento gira en torno a lo que está disponible en Internet, Netflix sigue siendo líder gracias a que supo interpretar los signos de los tiempos. En 2007 inició el servicio de video por demanda o streaming: una mensualidad –en Colombia es de 14.000 pesos– y todo el contenido, sin comerciales, para consumir las 24 horas del día en cualquier pantalla, ya sea televisor digital, computador o cualquier dispositivo móvil. Esto cambió el juego y los hábitos de consumo: el televidente ya no debe regirse por horarios diferentes al propio porque todo está ahí, cuando sea, donde sea, con un tiempo de espera nulo, pues las velocidades de Internet permiten ver una película de inmediato, sin tiempo de descarga. El “modelo Netflix” también introdujo el término binge watching, que traduce algo como una comilona televisiva, un atracón de entretenimiento, incluso a veces una egoísta sobredosis de drama, ya que no hay límites sino los que pone el usuario. Es por esto por lo que a las hora pico, de 10 a 12 de la noche, Netflix es el responsable de más del 30 % del tráfico de streaming en Estados Unidos; el doble de YouTube.

En 2011, dos años después de que la revista Fortune nombrara a Hastings como el empresario del año, Netflix se metió de cabeza en el desarrollo de series originales –algo como lo que ha hecho desde siempre HBO– e invirtió 100 millones de dólares en la producción de House of Cards, dirigida por David Fincher y protagonizada por Kevin Spacey. También se metió de cabeza en el peor error de su historia. En septiembre de ese año, Hastings anunció que la compañía se dividiría en dos: un servicio de streaming con un precio más alto, Netflix, y el tradicional de DVD, que pasaría a llamarse Quikswter. La noticia resultó en la pérdida de 800.000 suscriptores, una baja sin precedentes en la historia de la compañía, un sinnúmero de comentarios sobre la falta de empatía de Hastings para con sus usuarios y una cadena de disculpas de la compañía y del mismo CEO, que jamás puso en marcha el plan. En 2012, cuando se estrenó la nueva temporada de la serie de culto Arrested Development, que Netflix rescató del olvido luego de ser cancelada por la cadena Fox, el incidente ya había pasado a la historia.

Hoy, Netflix cuenta con cinco millones de usuarios en América Latina luego de solo tres años de presencia. Sus series originales, como Orange is the New Black, además de House of Cards, son un éxito entre el público y la crítica y han recibido varias nominaciones al Emmy. Para el 2015 estrenarán su primera producción en Colombia, Narcos, y entrarán en la producción de películas con la idea de estrenarlas simultáneamente por streaming y en cine, propuesta llamada a poner patas arriba este negocio.

Y en medio de todo esto sigue Hastings y poco se sabe de él. Da contadas entrevistas y se turna entre la agitada vida de CEO y miembro de la junta directiva de Facebook, entre otras compañías, y su vida de filántropo, centrada en el tema de la educación: fue presidente de la Junta de Educación de California hasta 2008 y ahora es miembro de la junta directiva de las Escuelas Charter del mismo estado. Su vida familiar, que transcurre en Santa Cruz con su esposa, dos hijos adolescentes y una casa con cuatro perros, dos cabras y algunas gallinas, insiste, es bastante común. “Por desgracia, y extrañamente, casi no tengo pasatiempos”, dijo en una entrevista a The New Yorker. “No navego, no pesco. Soy un fracaso lamentable como hombre del Renacimiento”. Su cabeza está en el 2030. Él y Netflix, por ahora, son el futuro de la televisión.

¿El futuro es completamente digital?

Piense en las clases de historia del colegio. En esa época nos hablaban de la Edad de Bronce, la Edad de Hierro… La historia nombró varios miles de años basándose en una sola invención a pesar de que también fue la época de la rueda, de la agricultura, incluso el alcohol fue inventado entonces. Bueno, yo creo que en el futuro la gente va a mirar hacia atrás en el tiempo y va a llamar a esta época la Era de Internet. Internet está transformando cada sector de la economía, uno a uno.

¿Va a cambiar la televisión como la conocemos?

La televisión gratuita era una buena idea. Algo así como el caballo. El caballo era bueno hasta que tuvimos el carro, que es mucho más útil. La Era de Internet, en cuanto a televisión, comenzó con YouTube, alrededor de 1995 y ahora se sigue ampliando. La Era de la Televisión, como la conocíamos, llegará hasta, digamos, el año 2030, porque otra cosa a favor de Internet es que todo el mundo puede estar en Internet. Para tener un canal, para transmitir por televisión, hay que tener licencias y las licencias son un problema, son difíciles de obtener por un montón de regulaciones que hasta resultan imposibles de explicar. En el caso de Internet lo único que uno necesita es un buen modelo y buen contenido.

¿Qué lo llevó a dedicarse al entretenimiento?

Serendipia. Casualidad. Pero también me interesa porque es lo que hacemos cuando no tenemos que hacer nada. Comprar la leche es importante, hacer ejercicio es importante, esas son cosas que necesitamos hacer, pero el entretenimiento es lo que queremos hacer.

¿Con qué soñaba cuando era niño?

Jamás me imaginé que fuera a terminar en el mundo de los negocios. En el colegio, en la secundaria, me gustaba mucho la física. Cuando era niño pensaba que iba a ser físico, científico. Quería hacer algo que tuviera que ver con cohetes, que eran tan populares en los años sesenta. No pensé que me gustaran los negocios.

¿Y lo descubrió con su primera compañía?

Antes. Solía vender aspiradoras Rainbow puerta a puerta. Fue una gran experiencia, pero fui exitoso hasta que ya no tuve más parientes que me compraran aspiradoras. [Risas].

¿Su interés por el tema de la educación viene del tiempo que pasó en Suazilandia?

Tal vez. Era una zona rural, pero los niños eran estupendos y estaban muy motivados. Por desgracia, el director de la escuela en la que trabajaba estaba siempre borracho y eso fue muy desmoralizador. Llegaba borracho a la asamblea, pero estaba muy conectado políticamente y no había nada que pudiera hacerse. Fue una época de varios desafíos.
Lo bueno era que, como trabajaba en un colegio, tenía las vacaciones de verano para recorrer África en autostop. Fui a Botsuana, Tanzania. Fue increíble. Ahora, en perspectiva, es fantástico tener 23 años y no tener responsabilidades. Poder salir a explorar hasta que se acaba el verano.

¿Qué hace ahora cuando quiere deshacerse de las responsabilidades?

Ahora no hay manera de hacerlo. Soy padre de dos adolescentes. Y está Netflix, claro.

¿Se desconecta alguna vez?

No, nunca.

¿Cuál fue su primer contacto con Internet?

Fue en 1986, cuando usé un FTP en vez de FedEx. En la compañía en la que trabajaba teníamos oficinas en ambas costas del país y enviábamos documentos de un lado a otro por FedEx, entonces cuando apareció el FTP en mi vida fue un momento mágico. Todavía no existía la red como la conocemos ahora, entonces me tomó un buen tiempo entender cómo funcionaba un navegador.

¿Fue en ese entonces que entendió que la red era el futuro?

Sí. Y cuando usé YouTube por primera vez y entendí que podía ver lo que quisiera cuando quisiera. Bueno, cuando cargara el video, porque en ese entonces todo era muy lento.

Detrás de su proyecto está la idea de crear buenas narrativas, de contar historias, y hay un mito sobre cómo surgió la idea de Netflix, que es una buena historia. ¿Es verdad?

Fue en el año 95 o en el 96, cuando me tocó pagar una multa por el alquiler de la película Apollo 13. Me acuerdo perfectamente porque estaba muy avergonzado y era una suma absurda para la época. Cuarenta dólares. Y fue mi culpa, no seguí las reglas del juego. Unos dos años después un amigo me contó sobre los DVD y pensé: “Mmm, tal vez los DVD se pueden enviar por correo”.

Y se pudo…

Sí. Un día decidí ir a comprar un CD usado y un sobrecito de esos que se usan para enviar tarjetas de cumpleaños, y en una oficina de correos me envié el CD con una sola estampilla. Al otro día ya lo tenía de vuelta en mi poder y en perfecto estado.

La solución perfecta…

Sí. Porque enviar por correo un casete de VHS resultaba caro y complicado. Entonces, fueron dos cosas que salieron bien: el planteamiento de un problema y la tecnología adecuada para llegar a la solución.

¿Pero la historia es un mito?

Piense en todo lo que hay de malo en su vida: una multa por parquear mal, el tráfico… Cada cierto tiempo este problema se convierte en una oportunidad de negocio. Y este fue el que resolví. Todavía tengo pendiente cómo resolver los problemas con los tiempos de espera en los aeropuertos.

Y hablando de problemas, ¿cuál ha sido su mayor error?

Fue con Netflix, hace unos cuatro años. En Estados Unidos teníamos el servicio de alquiler por correo y habíamos empezado con el servicio de streaming y decidimos que era mejor que fueran dos servicios, dos compañías. Nuestros suscriptores estaban muy molestos porque esto significaría un aumento de precio y relacionarse emocionalmente con otra empresa. Perdimos casi un millón de usuarios.

Y, sin embargo, parece muy calmado con esa historia.

Pues ya fracasé una vez y aprendí que la clave es la paciencia. Esto me ha ayudado a crear ambientes en los que guío y sirvo de inspiración en vez de estar controlando todo. Es mucho mejor crear un ambiente en el que la gente pueda ser creativa. Así no me toca a mí tener todas las ideas.

También ha dicho, y han dicho de usted, que no es bueno manejando empleados.

Creo que eso lo dije en la década de 1990, cuando no me fue tan bien en esa área, pero Netflix ha sido una oportunidad de redimirme. Y creo que está funcionando.

Precisamente, en esa área Netflix se ha convertido en modelo para seguir. Los empleados no tienen que pedir permiso para trabajar desde la casa, no hay límites de días libres o de ausencias por enfermedad. Hábleme de eso…

Todo eso está en el Culture Deck, un documento que se encuentra en nuestra web. Su fin es documentar cómo trabajamos en Netflix. A algunos les gustará, a otros no. Pero es útil para que le gente tome decisiones a la hora de trabajar con nosotros. También nos ayuda a enseñarles a los empleados quiénes somos como empresa. Todo lo que está ahí gira en torno a las ideas de libertad y responsabilidad.

¿Y funciona?

Sí. Ha sido extremadamente productivo. Ha hecho que la compañía sea muy flexible y un lugar divertido para trabajar. Tenemos pocas reglas.

¿Le gusta seguir reglas?

Las que tienen que ver con el sentido común y la ley, claro.

La revista Forbes lo acaba de nombrar como el primer multimillonario “por demanda” y dice que está avalado en mil millones de dólares. ¿Cómo puede explicarle el significado de eso a una persona corriente?

Para mí no significa mucho. Llegar a un millón de dólares sí, porque significa que uno puede pagar la casa, pero lo cierto es que no vivo de manera muy diferente a como lo hacía hace diez años. Al contrario, es más una cosa negativa porque es una noticia que se vuelve popular y no quiere decir nada.

¿Y en qué gasta el dinero que gana?

Pues no en mucho. Tenemos un buen sistema de entretenimiento en casa. Tener más dinero me permite dedicarme más a la filantropía y donar más a la educación.

Una de las cosas que enamoran de Netflix son los recomendados especiales. Netflix parece conocernos mejor que nuestras personas más cercanas…

El algoritmo de Netflix tiene más datos sobre cómo pasamos el tiempo frente a la pantalla que nuestros seres queridos. No se fija en qué tipo de persona es cada uno, sino que tiene todos los datos de las películas y series que ha visto o ha dejado de ver, y sabe qué otras personas en la base de datos de 53 millones han visto lo mismo. En algún lugar del mundo hay unas 20 o 30 personas con el mismo gusto. Puede que no se caigan bien si se conocen, pero por alguna razón tienen el mismo gusto.

¿Y a usted qué le recomienda Netflix?

Mucho drama. El show de la BBC Happy Valley. También me recomendó Muscle Shoals, un documental musical sobre Alabama. Muy bueno. Creo que Netflix tiene claro qué me gusta.

¿Hace sesiones de binge watching?

Sí, acabo de hacerlo con Happy Valley y me quedé despierto hasta muy tarde. “Solo un capítulo más. Nada más”. Hasta que han pasado horas.

¿Qué tan televidente fue de pequeño?

Mi hermana y yo veíamos muñequitos animados todos los sábados por la mañana. Pasábamos hasta diez horas viendo televisión.

¿Cómo escogen la programación para cada país?

Es una relación de cuánto va a costar el contenido por qué tanto creemos que lo van a ver.

Curioso que algo que parezca emocional resulte siendo tan analítico…

Es el análisis de las emociones que van relacionadas con el entretenimiento.

Una de las frases que más dicen quienes trabajan en su compañía es “eso ya está en Netflix”. ¿Qué pasa con todo lo que no está ahí? ¿Adónde van los consumidores a ver ese contenido si lo que quieren es tenerlo todo en un lugar?

En este momento invertimos unos tres mil millones de dólares en contenido. Si no está en Netflix es porque alguien más está ofreciendo más dinero por esas mismas películas.

¿Quiénes?

HBO, Fox, Sky, las otras distribuidoras.

¿Le preocupa que ahora HBO tenga su mismo modelo?

No, no. La competencia siempre hace que el trabajo sea mucho más divertido. Hay más posibilidades. Yo mismo tengo suscripción a HBO y veo sus programas.

¿Hacia dónde se está moviendo Netflix si los demás se están moviendo en la dirección de Netflix?

Cuando empezamos lo único que hacíamos era enviar discos por correo y esperar a que Internet contara con más velocidad. Hace tres años, cuando comenzamos a desarrollar nuestra propia programación, decíamos que debíamos convertirnos en HBO antes de que HBO se convirtiera en nosotros. Ahora estamos adelante, pero no hay problema porque hay espacio para dos de nosotros, o más.

¿Y ahora qué están esperando?

Nada. Estamos haciendo todo para que las cosas pasen.

¿Existe la posibilidad de que Netflix sea solo una moda, una burbuja?

No, porque depende de Internet, e Internet no es una burbuja. Hubo burbujas en Internet, pero ahora es una tendencia a largo plazo. La Internet es muy profunda y sustanciosa. Solo lo sabremos después de la Era de Internet.

¿Significa esto el fin de los cines?

Uno tiene la opción de hacer la comida en la casa o de salir a un restaurante porque es un tipo diferente de comida. Con el entretenimiento es lo mismo. Las dos son experiencias diferentes. Ahora queremos que las películas estén disponibles en cine y en casa al mismo tiempo. Así, si quiere, puede ir a comer crispetas (pochoclos) y disfrutar con la risa de la multitud. Los cines van a estar bien.

¿Y qué sueña cuando piensa en retirarse?

Nada. No fantaseo sobre mi propio futuro.

POR: Carolina Venegas Klein -EL TIEMPO –

Sobre el Autor

Carlos Suarez
Periodista egresado del ISET N° 18 "20 de Junio" de Rosario, S.F. en 1990. Participó del Primer Congreso Internacional de la Comunicación y el Periodismo en 1998. Colaboró con el programa LA OREJA de Radio Rivadavia conducido por Quique Pesoa en 1992. A partir del 1 de octubre de 2018 condujo VIVA LA MAÑANA por Radio Viva 104.9 de Federación, E.R. En este 2019/2020 administra y redacta en esta página Federación al Día. Prepara una radio para el 2020.-

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