A PROPÓSITO DE LOS 40 AÑOS DE THE WALL.

No sé si alguien registró la salida del disco (un objeto redondo, bastante grande con un agujero en el medio y al que había que dar vuelta para escuchar de un lado y del otro)…No sé si alguien de Federación ya había escuchado antes de THE WALL a la banda británica Pink Floyd. La salida del disco, y del cassette, fue en 1979, año emblemático si los hay para esta ciudad inaugurada como una plaza o un club de fútbol o una autopista. Federación había logrado ese 1979 ser inaugurada después de muchas idas y venidas. No estaba terminada la ciudad, como tampoco estaría terminada (de hecho recién empezaba) la Revolución Sandinista en Nicaragua. No sé si alguien en Federación se había enterado en aquel 1979 de lo sucedido en Nicaragua (más allá de los informes tendenciosos de la revista Gente) Es posible que hayan sido menos que los que se enteraron -y escucharon- ese parte aguas que fue THE WALL.

PUBLICÓ EL PERIODISTA DE PÁGINA 12, Fernando D´Addario, este sábado…»The Wall fue, para muchos, un disco de iniciación: un mazazo para abrir la cabeza a la realidad de la vida. Para otros funcionó a modo de ópera farsesca, que le devolvía al mundo una mueca de amargura autoindulgente . El gran mérito de The Wall, capaz de elevarse de su condición de clásico a la categoría de “tendencia permanente” fue haberle dado a cada cual según sus necesidades. Logró conciliar el entusiasmo de hippies coloridos y darks nihilistas, idealistas y cínicos, lúmpenes y yuppies. El propio Roger Waters, autor intelectual y material del disco, debió adaptarse a la ambivalencia avasallante de su criatura: esa “pared” que había concebido como una barrera entre su paranoia de súper estrella y la voracidad de su público, adquirió de pronto resonancias más amplias, incluso contradictorias entre sí; lo cierto es que aquella primitiva autopercepción de megalomanía fascista derivó –según quién la escuche– en un desesperado grito de libertad». «El disco significó, también, el canto del cisne que determinó el triunfo –pírrico– de Roger Waters sobre David Gilmour. Ese frágil equilibrio que había guiado la carrera de la banda se rompió definitivamente y el resultado fue un éxito absoluto. Pero –para muchos– ya no fue Pink floyd. Para otros, Pink Floyd Es The Wall. Hasta entonces, la antinomia creativa de los dos líderes de Floyd (mientras Gilmour buscaba anestesiar a sus oyentes con registros climáticos que los condujeran a otra frecuencia anímica, Waters pretendía activar la conciencia crítica, “despertar” a sus fans a través de canciones que denunciaban a una sociedad sumisa y mecanizada) había alcanzado la síntesis perfecta en The dark side of the moon. En The Wall, Waters asumió el control absoluto del arte y de la ideología del grupo. El monumentalismo barroco reemplazó al viaje musical lisérgico, pero el «efecto droga» se mantuvo». De todos modos, como señaló Gilmour en una entrevista a la revista Musician: «sé que muchas personas lo consideran el primer álbum solista de Roger Waters, pero no lo es. Roger no habría podido hacerlo él solo. Ha tenido tres oportunidades de hacer discos en solitario, y tú mismo puedes juzgar la diferencia”. En rigor, Waters descartó al tecladista Rick Wright y al baterista Nick Mason y le otorgó a Gilmour la facultad de trabajar los esbozos de sus canciones (en principio tildadas por Gilmour de «inescuchables») con el buen gusto interpretativo que siempre lo caracterizó. El guitarrista compuso además la más triste y hermosa canción del disco: «Comfortably Numb», un descarte de su disco David Gilmour».
Este sábado 30 de noviembre se están cumpliendo 40 años de la aparición de un emblema de la música contemporánea. Como Federación,THE WALL cumple cuarenta años. A diferencia de Federación, THE WALL cumplió 40 años mientras que la ciudad termal -parece- los sigue cumpliendo. Da la impresión que Federación llegó a los 40 años como una especie de etapa final. Pero ese es otro tema. Estábamos con Pink Floyd y THE WALL.

ESCRIBE EL PERIODISTA DEL PÁGINA. «También aportaron: el productor canadiense Bob Ezrin (Roger había quedado muy impactado por su trabajo en otro hermoso álbum conceptual y depresivo: Berlín, de Lou Reed), quien le dio al disco la sintonía fina de su narrativa; los recargados arreglos de Michael Kamen; el hallazgo del ingeniero Nick Griffiths, que fue a buscar a los niños de cuarto grado del colegio que estaba a la vuelta de los estudios para que grabaran el estribillo de lo que hasta allí era una canción tonta: «Anothe brick in the wall» (no hay registros fílmicos de la cara del maestro de los chicos cuando escuchó por primera vez el coro infantil repitiendo «We don’t need no education», pero sería digno de verse); también el trabajo del ilustrador Gerald Scarfe, que compartía con Waters una visión pesadillesca del mundo, colaboró para la futura lectura icónica de The Wall. La película de Alan Parker se encargó del resto. Una película fallida en lo formal y al mismo tiempo inolvidable, de esas que marcan a fuego la personalidad adolescente. El disco no envejeció del todo bien porque ya era viejo cuando nació, en plena new wave. Sin embargo, hay algo del orden de lo emocional que se reactiva cuando se vuelve a escuchar «Is There Anybody Out There?», «Bring the Boys Back Home», «Mother» o «The Trial». La sensación, quizás, de que sucesivas y periódicas reconstrucciones vuelven mostrar las paredes que se creían derribadas hace tiempo».

Sobre el Autor

Carlos Suarez
Periodista egresado del ISET N° 18 "20 de Junio" de Rosario, S.F. en 1990. Participó del Primer Congreso Internacional de la Comunicación y el Periodismo en 1998. Colaboró con el programa LA OREJA de Radio Rivadavia conducido por Quique Pesoa en 1992. A partir del 1 de octubre de 2018 condujo VIVA LA MAÑANA por Radio Viva 104.9 de Federación, E.R. En este 2019/2020 administra y redacta en esta página Federación al Día. Prepara una radio para el 2020.-

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