EL PAÍS DEL RIVER-BOCA.

Los intereses cruzados de la Conmebol, la AFA, Boca, River, el periodismo deportivo hegemónico, los barrabravas, mezclados con los dislates de Patricia Bullrich y su par de la ciudad de Buenos Aires hicieron explosión en la tarde de este sábado. El superclásico no hizo -por otra parte- más que demostrar lo que somos: el país del River-Boca. Todos contra todos. Si vos me tocás yo te golpeo. Esta parece ser la lógica ilógica, el sentido común del sinsentido. Los barrabravas de River apedrearon y tomaron por asalto el ómnibus en el que viajaban los jugadores del equipo de la Rivera. Se dijo que era un pase de facturas por el allanamiento en casa de barrabravas de River que iban a revender entradas. Si vos me tocás yo te golpeo. A todo esto la ministro de Seguridad del gobierno nacional llenándose la boca conque iban a poder con un Boca-River ¿Cómo no iban a poder? A la Bullrich se le escapó, o hizo como si, que la Policía Bonaerense no la quiere y por eso liberó zonas por donde pasó el colectivo de la empresa Flecha Bus como para terminar gaseado y tosqueado.

Mucho se podría decir y escribir sobre el clásico que finalmente quedó para este domingo a las cinco de la tarde en un estadio Monumental de Núñez clausurado. Toda una imagen de lo que es el país. Esto es lo que somos.

LO QUE PUBLICÓ PÁGINA 12

Pedradas de hinchas a un micro con futbolistas y dirigentes. Represión policial. Deportistas intoxicados con gas lacrimógeno y heridos con vidrios estallados. El partido se pospone una hora. Dos jugadores trasladados a una clínica. Decenas de simpatizantes detenidos. Nueva postergación del partido. Incertidumbre en los vestuarios, reuniones en los despachos. Corridas, represión y más detenciones afuera del Estadio. Esta fue la antesala de una decisión que se caía de madura: la superfinal entre Boca y River por la Copa Libertadores fue suspendida hasta mañana a las 17.

La decisión fue anunciada por el presidente del organismo rector del fútbol sudamericano, Alejandro Domínguez, quien le echó la culpa de todo a unos “pocos inadaptados que no entienden que el fútbol es diversión y paz”. El dirigente dijo que hay un pacto de caballeros entre los clubes, que se desnaturalizó el juego y el otro no quisiera ganar en estas condiciones, el partido pasa para mañana a las 17:00″.

Una vez llegada la hora de la explicaciones, Domínguez dijo que hubo “un pedido de ambos clubes” para no disputar el encuentro esta tarde, ya que “ninguno de los equipos estaba en condiciones de jugar”. “Hay tres médicos de Conmebol que hacen una evaluación cada 35 minutos. Hubo rasguños, gas y jugadores con lesiones”, detalló.

Luego, consultado sobre por qué el encuentro no fue suspendido apenas ocurrieron los incidentes, justificó que no se pudo “tomar una determinación inmediata, porque hay un protocolo, un procedimiento que cumplir”. Inicialmente, el partido debió comenzar a las 17 pero, tras los incidentes, la Conmebol lo pospuso para las 18 y luego volvió a postergarlo hasta las 19.15.

Desde que terminaron los piedrazos contra el micro de Boca hasta que cuatro horas después la máxima autoridad del fútbol continental tomó la decisión de no jugar, el presidente xeneize Daniel Angelici y otras autoridades de ese club presionaron para que el encuentro no se disputara.

Mientras tanto, en las calles de Núñez, hinchas de River produjeron nuevos incidentes. Cerca de las 19.15, el segundo horario pautado por Conmebol para el inicio del partido, un centenar de personas -aparentemente sin entradas- se enfrentó con la Prefectura Nacional en la esquina de Avenida Libertador y Udaondo. La seguridad los dispersó en medio de una batalla que incluyó piedras y botellas por un lado y balas de goma y gases por parte de la seguridad.

Luego de varios minutos de tensión, la Prefectura junto con oficiales de la Policía de la Ciudad dispersaron a algunos hinchas, aunque luego siguieron algunos incidentes.

El botón de muestra de la demanda de Boca para suspender el partido fue la lesión que el capitán Pablo Pérez, quien junto con el juvenil Gonzalo Lamardo fue trasladado a una clínica privada, ambos con heridas en los ojos. Dijeron que les habían entrado astillas de vidrio en las córneas. El cuerpo médico de la Conmebol los revisó, les diagnosticó meras lesiones superficiales y recetó no suspender el histórico super clásico.

El equipo azul y oro estaba convulsionado. Faltaban apenas 40 minutos para que se jugase el encuentro y varios de ellos estaban hablando con periodistas en los pasillos del  Monumental. De concentración y calentamiento pre competitivo, ni hablar.

Las tribunas del estadio de River estaban a pleno, con más de 60 mil hinchas alentando a su equipo que en ningún momento hizo una aparición pública. Finalmente, el equipo dirigido por Guillermo Barros Schelotto salió del estadio alrededor de las 21 y en otro micro, porque en el que había viajado llegó destruido y, por ello, fue secuestrado por la Justicia para iniciar las investigaciones del caso.

El enojo del plantel de xeneize se hizo oír. Los delanteros Carlos Tevez y Darío Benedetto pidieron irónicamente que le “den” la Copa Libertadores a River, porque “tiene tanto peso en la Conmebol que nunca pasa nada”. “River hizo siempre lo que quiso en el resto de la Copa, que le den la Libertadores y listo”, afirmó Tevez muy enojado, a la salida del vestuario visitante.

“Si hubiera sido Boca, ya estaríamos afuera. ¿En la Bombonera no fue así? -se preguntó Tévez-. Eliminaron a Boca, ahora estamos pensando en jugar cuando se le ocurra a Conmebol.” Su compañero Benedetto habló en la misma sintonía: “Que le den la Copa a River, que tiene tanto peso en la Conmebol y no pasa nada”, dijo.

La delegación del club xeneize había emprendido viaje a las 14 desde el Hotel Madero y, a su llegada a la zona de la cancha de River para disputar la segunda final de la Copa Libertadores, recibió piedrazos de los hinchas y gases de las fuerzas de seguridad que comanda el ministro de Seguridad porteño, Martín Ocampo, sobre quien ahora se posan todas las miradas.

El 5 de noviembre pasado, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, había dicho ante la confirmación de que River y Boca disputarían los dos partidos de la final de la copa Libertadores que “si tenemos un G-20 ¿No vamos a dominar un River – Boca?”. Pues bien, no lograron dominarlo.

LO QUE PUBLICÓ CLARÍN

La expectativa tan grande derivó en lo que muchos temían. Todo se desbordó. Ni siquiera el promocionado operativo de seguridad para la Superfinal pudo evitar que se produjeran graves incidentes, dentro y fuera del estadio Monumental.

Todo fue una papelón. Una muestra cabal de lo peor del fútbol argentino y sudamericano: violencia, aprietes, tironeos, disputas de poder, desprolijidades, peleas…

La Superfinal de la Copa Libertadores entre River y Boca que debía jugarse este sábado a las 17 primero fue postergada en dos ocasiones. Y finalmente fue suspendida. Se jugará mañana a las 17. Aunque cualquier cosa puede cambiar en las próximas horas. 

Todo lo malo que podía pasar ocurrió.

Afuera, la violencia invadió las calles ante la inoperancia de un operativo policial que nuevamente falló. Adentro, cada dirigente intentó sacar tajada sin pensar en el bien común. Y así fueron pasando las horas. Desde la bochornosa llegada del micro de Boca al Monumental hasta las presiones de la Conmebol y de la FIFA para que el partido se jugara pese a todo.

Desde Boca la postura era clara: le informaron a River y a Conmebol que no estaban en condiciones de jugar el partido: Pablo Pérez, capitán del equipo y Gonzalo Lamardo, juvenil que acompañó al plantel, habían sido trasladados a un hospital para ser atendidos tras la salvaje agresión que sufrió el plantel boquense en su llegada al estadio Monumental.

Hubo piedrazos al micro, gases lacrimógenos y varios futbolistas resultaron heridos.

Las imágenes eran contundentes. Pero después de varias reuniones y de la presión ejercida por los presidentes de la FIFA, Gianni Infantino y de la Conmebol, Alejandro Domínguez, lo que parecía imposible se volvió probable: a pesar del caos generado y de los futbolistas heridos, anunciaban que la Superfinal se jugaría más tarde. A las 18, informaron en primera medida. A las 19.15 lo cambiaron después. 

Según argumentaba la máxima entidad del fútbol sudamericano “no existía causal para suspender el partido”.

Mientras tanto, en Boca una mezcla de confusión y enredos invadía el vestuario visitante. “Nos están obligando a jugar el partido”, sentenció Carlos Tevez como líder del plantel.

Y agregó: “Pablo (Pérez) llegó con un parche en el ojo. No estamos para jugar. Los médicos están con mucha presión. Pero acá hubo jugadores que no paramos de toser, con muchas ganas de vomitar, con ardor en la garganta. recién ahora se me está yendo el dolor de cabeza. esto no tendría que pasar. Salimos a hablar para contar que nos están obligando a jugar el partido en estas condiciones, con tres compañeros que no están en condiciones de jugar este partido”. Fernando Gago se sumó en la misma línea: “Estamos sorprendidos porque nadie toma una decisión. Hace siete horas que estamos dando vueltas. A nosotros nos dicen que el partido se juega, pero no están dadas las condiciones en el grupo”.El desmadre tuvo su clímax en la llegada del micro con el plantel de Boca al Monumental. Y desde ese momento, alrededor de las 15.20, cuando faltaban menos de dos horas para que comenzara la gran final, todo fue caos, desorganización y preguntas sin respuestas.

 

 

About the Author

Carlos Suarez
Periodista egresado del ISET N° 18 "20 de Junio" de Rosario, S.F. en 1990. Participó del Primer Congreso Internacional de la Comunicación y el Periodismo en 1998. Colaboró con el programa LA OREJA de Radio Rivadavia conducido por Quique Pesoa en 1992. A partir del 1 de octubre de 2018 conduce VIVA LA MAÑANA por Radio Viva 104.9 de Federación, E.R.

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