PALAZZO ASEGURÓ QUE SI ESTE AÑO EL COSQUÍN ROCK NO PIERDE PLATA SALE CORRIENDO DESNUDO

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Por primera vez en 17 años el Cosquín Rock emigró de la provincia mediterránea y tuvo su edición internacional en Guadalajara, México, en la que convocó a 20.000 personas. José Palazzo, abogado, fundador, productor y DJ itinerante habló con Apertura y explicó las claves del negocio de uno de los festivales más convocantes del país. Cuánto sale, cuánto gana (cuando gana) y cómo le afecta la caída del consumo. Las batallas para permancer a flote.

Si alguien te dice que se quiere meter en el negocio de los festivales ¿Vos qué le dirías?

Que tenés que tener US$ 1 millón y medio (risas). No, mentira. El Cosquín Rock ganó en las primeras ediciones, pero entre 2005 y 2008 fue muy deficitario. Cuando cambió de un anfiteatro al predio abierto, los costos se multiplicaron por seis. Es decir, por cada un peso que gastaba en la Plaza Próspero Molina gasté siete en San Roque. Ahí la inversión fue gigantesca hasta que se equilibró.

¿Cuánto sale hacer el Cosquín Rock?

Nosotros gastamos $ 47 millones en el festival. Las variables son muchas. Una es el combustible. Tenemos generadores funcionando desde el 5 de febrero, porque ahí empiezan a vivir 30 tipos. Después está el alojamiento: alojamos a 1700 personas el fin de semana del festival solo entre músicos y staff. Otras 1700 entre seguridad, producción, gastronomía y todo el equipo técnico que para en el lugar. A eso hay que sumar lo que son los micros de gira, el transporte, los aviones, la seguridad, el campo, los escenarios, todo. Tenemos mucho know-how en eso. Con nuestra compañía (En Vivo Producciones) producimos el Dakar, así que tenemos estructura para trabajar al aire libre. Eso nos llevó muchos años y mucha inversión para poder lograrlo.

O sea que no me pongo a producir festivales…

Y… el festival nuestro es un complemento de lo que hacemos durante el año con la productora. Si logramos desarrollarnos en América latina, la unidad va a ser muy valiosa, porque la marca lleva 17 años. Cuando desarrollemos el festival en América latina vamos a estar entrando en los 20 años del Cosquín Rock en la Argentina.

¿Cuánto se llevan las bandas?

Si el festival cuesta $ 45 millones, la artística cuesta $ 20 millones. Literal. No hay más vueltas. En eso tenemos desde bandas nuevas a las que les pagamos $ 5000 hasta otras a las que les pagamos US$ 100.000; y hay un montón de gastos artísticos, productos pequeños y alternativos que también tienen sus costos.

¿Qué es lo que hace que cambie el cachet del músico?

Tiene mucho que ver con lo que van convocando. Por ejemplo, no le puedo pagar a La Beriso lo mismo que el año que éste, que acaba de hacer un River.

¿Pero qué pasa con una banda como Los Auténticos Decadentes, por ejemplo?

Claro… Los Decadentes se mantienen estables más o menos, cobran lo mismo. Pero hay artistas que no. Ciro agotó Vélez, no le puedo pagar lo mismo que el año pasado porque vendió mucho más. En Córdoba agotó las entradas. Con La Beriso hicimos dos shows para 3000 personas; el año pasado metimos 10.000 personas en Córdoba y después llenó El Monumental.

¿Están pensando en desarrollarlo como una franquicia, como el Lollapalooza?

No, porque nosotros no somos una franquicia. Somos socios de los festivales, trabajamos como miembros de la sociedad, como programadores; y corremos riesgos. Seguimos todo de cerca.

¿Cómo fue cambiando la dinámica con los artistas a partir de los cambios de la industria y sobre todo la caída en las ventas de discos? ¿Sentís que los músicos dependen mucho más de ustedes para recaudar?

Y el negocio cambió completamente. Al negocio del disco no lo conozco bien, pero hoy el show en vivo es el único ingreso que tienen los artistas y ellos trabajan sobre eso. Sadaic (Sociedad Argentina de Autores, Intérpretes y Compositores) para las bandas que tocan mucho sigue siendo un ingreso importante; yo, por ejemplo, pago el 12 por ciento de la recaudación a Sadaic. Si recaudé entre $ 55 y $ 60 millones, $ 6 millones van a Sadaic y después eso se reparte entre todos los artistas. Pero claro, tampoco les queda tanto.

¿Ves gente nueva en el ambiente de productores de festivales?

Cada vez menos, somos los mismos de siempre produciendo ¿Qué quiero decir? Veo gente nueva, pero todos empezamos muy jóvenes. Mi primer show lo produje a los 25 años. Mi primer Cosquín Rock lo hice a los 28 años. Tengo 46.

En ese momento nadie te dijo: “Esto es un quilombo, ¿para qué te metes?”

Sí, me lo dijeron, de hecho me acuerdo que el primero lo hice en la Plaza Próspero Molina. En un momento estaba en los camarines y entró Horacio Guarany y le dijo a Julio Marbiz: “Quiero que me traigas a Natalia y a Samanta, mirá al que me traes a hacer rock”. Era en la época del quilombo del jarrón de Coppola. Lo dijo adelante mío, yo casi me muero de un infarto, y Marbiz le dijo: “Bueno, Horacio, tengamos un poco de apertura”. Imaginate en el quilombo que me estaba metiendo. Sin embargo el festival siguió, mantuvo el nombre porque lo registramos como marca itinerante y de hecho el juicio que le ganamos a Cosquín fue porque le demostramos que existía el festival Rock in Rio como marca y había nacido en Rio de Janeiro. Tuvimos el juicio cuando (Jorge) Guinzburg había decidido hacer el festival ahí en la plaza en 2004; nosotros registramos la marca en 2002.

¿Pensaron en dejar de hacer el festival después de la tragedia de Cromañon?

El 30 de diciembre, después de Cromañon, todos los sponsors del festival se fueron. Todos: Coca-Cola, YPF, todos. Nosotros decidimos hacerlo igual ¿Qué iba a hacer yo? Todos los lugares estaban cerrando y nosotros estábamos organizando un festival. En paralelo, Guinzburg había tomado la Plaza Próspero Molina y estaba haciendo un festival. Nosotros no podíamos dejar de hacerlo, si lo dejábamos de hacer se extinguía. De hecho, Guinzburg duró un año. Yo estuve con él, porque le gané el juicio porque él usó la marca Cosquín Rock. Cuando fuimos a ejecutar el juicio con mi viejo, que es abogado igual que yo, le dijimos: “Nosotros no vivimos de los juicios”. Y se lo perdonamos. Y ahí Jorge nos admitió: “Yo no entiendo por qué me metí en esto, fue la peor historia de mi vida. Negociar con vedettes es mucho más fácil que negociar con rockeros”.

¿Los músicos son muy complicados para negociar?

No. Lo que le pasó a Jorge fue porque no era del palo. Se lo dije. Surgió como una alternativa al que era unBUEN NEGOCIO para los músicos. Ellos me pedían a mí una guita y a él le pedían una locura y ¿cómo medías cuánto valen? Si yo voy a ver a una vedette me va a romper el c*lo, a vos no, se lo dije, te juro que así fue la charla.

About the Author

Carlos Suarez
Periodista egresado del ISET N° 18 "20 de Junio" de Rosario, S.F. en 1990. Participó del Primer Congreso Internacional de la Comunicación y el Periodismo en 1998. Colaboró con el programa LA OREJA de Radio Rivadavia conducido por Quique Pesoa en 1992. A partir del 1 de octubre de 2018 condujo VIVA LA MAÑANA por Radio Viva 104.9 de Federación, E.R. En este 2019/2020 administra y redacta en esta página Federación al Día. Prepara una radio para el 2020.-

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